¿QUÉ DIFERENCIA UNA BUENA NOVELA DE UNA “OBRA MAESTRA”?

No es una pregunta fácil de responder. Seguramente habrá opiniones muy variadas, pero yo voy a compartir con vosotros mis reflexiones y estaré encantado de recibir las vuestras.

¿Qué diferencia una buena novela de una obra maestra? Retrocedamos unos cuantos pasos. ¿Qué hace que una novela sea buena o mala? ¿Es algo objetivo o subjetivo? ¿Se puede medir la calidad de un libro? ¿No depende exclusivamente del gusto de los lectores?

Si ya era difícil la tarea de contestar a la primera pregunta, responder a todas estas va a ser aún más emocionante. Pero… Para construir un edificio hay que comenzar por los cimientos.

Los gustos están en las personas, así que son una cuestión subjetiva. Pero subjetivo no es sinónimo de aleatorio. Cuando cierto número de personas encuentran algo atractivo o interesante, por algo será. Lo difícil es extraer conclusiones generales de esas experiencias individuales. Son muchos los que se dedican a esta complicada misión: descubrir el secreto del éxito. Yo no tengo la clave de este misterio, aunque en realidad casi todos la intuimos: trabajo, constancia, tiempo, ilusión, ciertas dotes naturales… Y un poquito de suerte 🙂

Pero, volviendo a una de las cuestiones anteriores, ¿qué hace que una novela sea buena o mala? Para analizar un todo, lo mejor es estudiar sus partes.

¿Cuáles son las “piezas” que componen una novela? Hay diferentes tipos, pero aquí vamos a mezclarlas un poco: línea argumental, personajes, ambientación, diálogos, narración, descripciones, ritmo narrativo, reflexiones, etc.

Si queremos que el resultado sea “decente”, tendremos que esforzarnos por cuidar lo mejor posible cada uno de estos apartados. No basta con tener una idea original, crear un argumento entretenido, o dominar ciertos elementos narrativos. El producto final debe ser armonioso, y no lograremos este objetivo si descuidamos algunos de los elementos que acabamos de comentar.

Hay autores que destacan especialmente por sus descripciones, otros por la profundidad de sus personajes. De algunos nos atraen sus historias, la fuerza narrativa, la magia que desprenden sus palabras… Sí, esas son sus señas de identidad. Pero lo normal es que también se manejen con cierta soltura en las distintas disciplinas que conlleva la creación literaria. De no ser así, sus obras no dejarían de ser un entretenimiento pasajero, que no soportaría una lectura más profunda, ni mucho menos el paso del tiempo.

Pero…

PREGUNTA: ¿Se puede medir la calidad de un libro?

RESPUESTA: Sí.

ACLARACIÓN DE LA RESPUESTA: Obviamente, no podemos valorar la calidad de un libro como si estuviéramos pesando tomates, o midiendo las dimensiones de un apartamento. No es algo matemático, pero tampoco fruto del azar.

Todos los lectores somos jueces de los libros que caen en nuestras manos. Y, cuanto más leemos, más se agudiza nuestra capacidad de detectar los aciertos o carencias de una novela. Es verdad que casi siempre se trata de un proceso casi inconsciente, pero no por eso es menos interesante. De hecho, en el caso de los buenos lectores, no es raro que, al pedirles su opinión sobre alguna obra, la respuesta sea: “es un buen libro, pero no es de mi estilo”. Es decir, somos capaces de separar nuestras preferencias de la calidad literaria. Igual que una persona a la que no le guste el pescado es capaz de valorar la maestría de un cocinero que ha preparado un gran plato, aunque no le atraigan los ingredientes que ha utilizado.

Resumiendo: la calidad de un libro radica en la armonía de sus partes y es algo que se puede valorar.

Entonces, ¿qué diferencia una buena novela de una obra maestra?

Pues, aunque sea redundante, precisamente eso, la maestría de su autor o autora. Si buscas el término maestría en el DRAE encontrarás la siguiente definición:

Arte y destreza en enseñar o ejecutar algo

Arte y destreza. Ahí es na’ , como dirían en mi tierra 😉

No basta con ser diestro, hay que tener arte. ¿Y cómo se consigue eso? Pues no lo sé, pero no creo que baste con descargarse una aplicación 😛

Ese arte y esa destreza son los que consiguen que un libro de el salto hasta convertirse en “clásico”. Los clásicos… Un término que usamos con demasiada frecuencia hasta vulgarizarlo. Así que volvamos a las fuentes. ¿Qué deberíamos entender por clásico?

Dicho de un autor o de una obra: Que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia

Modelo digno de imitación. No es cualquier cosa. No es una simple novela que ha triunfado. No es un producto “industrial” que ha tenido la suerte de venderse a millones. Es mucho más. Es digno de ser imitado. No es poca dignidad.

¿Y cómo sabemos si un libro ha llegado a esa categoría? Pues me temo que habitualmente hay que esperar hasta que pasa la prueba definitiva… EL TIEMPO.

Ese que nos pone a cada uno en nuestro sitio. El mismo que relega al olvido a los farsantes e imitadores y acrisola lo auténtico. Es lo mismo que ocurre en nuestra vida; tantas cosas que parecen cruciales a día de hoy se quedan en algo anecdótico tras unas semanas, y se olvidan con los años.

Los buenos libros permanecen. El tiempo no los mata, quizás les salen algunas arrugas y se tintan de canas. Pero no los estropean, sino que les dan ese encanto de la senectud bien llevada.

¿Y cómo llegar hasta ahí? No lo sé, pero lo intuyo… trabajo, constancia, tiempo, ilusión, ciertas dotes naturales… Y un poquito de suerte 🙂

Hasta aquí mis reflexiones. Espero las tuyas.

Un saludo

@M_A_JORDAN