DÍA A DÍA

¡Hola!

Hoy tengo el honor de presentaros a una nueva colaboradora que ha tenido la amabilidad de enviarme uno de sus escritos. Y, como la protagonista de esta entrada es ella, me callo y os dejo con las palabras de Delia.

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Resultado de imagen de cielo gris
(L)os días en que no existe él sol y (U)n cielo gris (N)os cubre él corazón y (E)l alma (S)e esconde tras una triste mirada.
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(M)uchas veces me he imaginado que había pasado (A)antes de ti, ahora me (R)io y pienso lo (T)onta que fui, (E)estaba pérdida y por fin te (S)enti
Resultado de imagen de chica melancolica
(M)is miedos siempre serán y han sido (I)nternos, pero también (E)ternos, mientras él elefante tiene miedo al (R)aton, todas mis pesadillas son (C)ontigo, o sin ti, a veces (O)igo tu nombre pero ya no (L)o escucho con una sonrisa (E)n la boca, ahora dilo lo recuerdo con buen (S)abor.
Resultado de imagen de playa melancolía
(J)óxidos meses de verano, de (U)n verano, de ese verano en (E)l que te conocí, en él que te (V)i en la playa jugando con la arena y (E)l sol se reflejaba en tu piel morena (S)ubiendo por tu melena.
Resultado de imagen de noche estrellada
(V)oy o vienes a verme, (I)intento convencerte de (E)se futuro que podemos soñar juntos (R)iendo a escondidas y disfrutando las (N)oches (E)strelladas entre (S)usurros.
Resultado de imagen de mirada
(S)oy una chica sería, pero no tanto como las de (A)antes, soy una chica buena, pero no tan (B)uena como las de (A)antes. (D)oy las gracias por todo, a veces con palabras, (O)tras veces, con miradas.
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(D)amos las gracias por encontrarnos (O) también podemos quedarnos callados aunque (M)ejor disfrutarnos. (I)insinuando al mundo que lo (N)uestro no es por (G)usto, que para gusto esta tu (O)lor.
¡¡Muchas gracias a Delia por su colaboración y muy feliz semana a todos!!
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ESTA DESCRIPCIÓN NO ES UN ROLLO xD

Hola a tod@s.

En esta entrada os ofrezco la respuesta de Laura a mi reto del otro día. A continuación os pongo la foto que ella escogió y el escrito que surgió de esa imagen. ¡Mil gracias, Laura!

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Fui a pasear al gran parque que hay en el centro de la ciudad. Era un día de otoño de esos que ya están muy cerca del invierno y el sendero hecho de arena para los paseantes estaba todo cubierto de hojas rojas, marrones y amarillas. A mí, que soy un tipo serio, no me gusta arrastrar los pies al caminar, ni tampoco me gusta la gente que lo hace. Sin embargo ese día, durante ese paseo solo, o más que solo, sólo conmigo, arrastré los pies a conciencia y disfruté de ello. Disfruté de la vida que mis pasos parecían insuflarle a ese montón de hojas muertas.

Miraba de tanto en tanto a los lados del camino, y me fijaba en los árboles mientras pensaba y, como en todas las cosas que se piensa, se te meten dentro y en vez de estar yo en el parque, resultó que era el parque el que estaba en mí. Eran árboles de troncos robustos y sus copas frondosas abovedaban el paseo con hojas de colores cálidos y melancólicos –aunque quizá fuera yo quien estaba melancólico aquella mañana-. Sara, estoy seguro, hubiera asociado esos colores rojizos y anaranjados al fuego y no a la melancolía. Yo le hubiera contestado que hay demasiado verde para pensar en el fuego y ella se hubiese reído de mí y de los márgenes estrechos con los que miro las cosas, o los colores. Seguí caminando por el sendero recto y llano al que no se le veía final, bajo la bóveda de hojas de colores, flanqueado por esos troncos que me parecían columnas de este templo a la belleza.

Me senté en un banco de piedra que había por allí, tan solo como yo, y me quedé un momento perfectamente quieto, como si yo también fuese de piedra, una piedra que pensara en los árboles. Supongo que las cosas que no están vivas piensan en las que sí lo están. Es bonito que en mitad de la ciudad haya un parque como este, no hay muchos lugares donde los urbanitas podamos experimentar la naturaleza y, al fin, nos volvemos unos salvajes, pero de otro modo. De repente pensé en que ese parque era un gesto generoso de la vida si pensábamos en nosotros, las personas. Pero cómo de egoísta era si pensábamos en ellos, los árboles.

El pensamiento me voló como cualquiera de los gorriones que allí volaban de una rama a otra, y se posó libre en esa idea, lo mismo que un gorrión, apenas por un minuto. Pero ese minutó me bastó para sentir pena de aquellos árboles, en mitad de la ciudad, como si fueran flores en un jarrón. Allí, en aquel parque, alineados marcialmente, parecían felices formando un techo de hojas de colores y una alfombra roja para los que solos, salimos a pasear; pero yo sabía que no eran felices porque no estaban allí para sí mismos, sino para nosotros. <<Qué tonterías dices>>, me habría dicho Sara, estoy seguro. <<Los árboles no necesitan la felicidad.
Les basta y les sobra con ser lo que son, no como nosotros, que nunca somos felices porque jamás nos basta con ser lo que somos>>. Sé que me habría dicho aquello porque ya me lo había dicho antes, una mañana de otoño como ésta, como esta misma, con la luz del día colándose tímida entre las copas de los árboles del mismo modo que el agua se cuela entre los dedos.

Una mañana como esta misma, en la que el suelo de arena era una alfombra de hojas rojas que estaban muertas pero que nosotros, arrastrando nuestros pies, volvíamos a la vida. Una mañana como esta, en la que el cielo no era azul ni de nubes blancas, sino verde, rojo y amarillo, de hojas que se movían, como nubes, por el viento. Esa mañana que yo añoro en esta, como esa vida soñada que añoramos en esta vida que vivimos y, que de tanto soñarla, ya no sabemos si es ésa y no ésta en la que hacemos eso de vivir. Sara no está, se desprendió de mi vida como todas estas hojas se han caído de las ramas de estos árboles, con el tiempo, que todo lo cambia; y como estas hojas, el recuerdo, no de ella, sino de mí con ella, alfombra de rojo el camino por el que pasean mis pensamientos y, aunque sé que nuestro amor está muerto, arrastrando los pies, me parece que vuelve a la vida.

LAS DESCRIPCIONES SON UN ROLLO

No lo digo yo, lo dicen muchos lectores, sobre todo los jóvenes aunque no solo ellos.

¿Cuántas personas habrán abandonado la lectura de una novela -o se habrán planteado abandonarla- cansadas de arrastrarse por largos, tediosos e inútiles pasajes descriptivos? No tengo ni idea, pero seguro que más de uno… y más de mil 😉

Antes de que alguien abandone la lectura de esta entrada indignado por la falta de sensibilidad de un servidor, dejaré claro que yo he disfrutado con muchas descripciones de los grandes autores. Aún recuerdo un pasaje de “La sombra del ciprés es alargada” en el que Don Miguel Delibes describía cómo el protagonista caminaba junto al mar… Casi podías escuchar el rumor de las olas y sentir el salitre pegándose a tu piel. Pero, obviamente, no me refiero a esas descripciones cuando digo que algunos escritores parecen determinados a aburrir a su audiencia a fuerza de brochazos innecesarios y manidos.

Las descripciones son imprescindibles en ocasiones, si queremos que nuestros lectores comprendan lo que les estamos contando. En ese caso, se trata de “necesidades del guión” y debe primar el sentido práctico, a la vez que la calidad literaria, claro. También hay momentos en los que el autor quiere romper el ritmo introduciendo un momento de pausa, que propicie un contraste con lo anteriormente contado o lo que vendrá a continuación. Es un buen recurso y puede funcionar correctamente… Siempre que la pausa no sea tan profunda y dilatada que conduzca al sueño. Y, por último, habrá quien decida introducir una descripción detallada y profusa por el simple gusto de recrearse y mostrar sus dotes pictóricas… Bueno, al fin y al cabo es tu libro, así que tú mandas. Pero… atente a las consecuencias.

Al describir nos enfrentamos a varios riesgos:

-Cansar al lector.

-Caer en repeticiones y lugares comunes.

-Mostrar nuestras carencias más que nuestras virtudes.

-Desviar la atención del público y perder su interés.

Para evitar caer en estos errores, mis consejos son los siguientes:

-Describe solo cuando sea necesario y lo que sea necesario.

-Recuerda cuál es la finalidad de esa descripción y trata de dosificarla. Es mejor ir poco a poco, alternando la parte descriptiva con la narrativa, que extenderse en párrafos inacabables e incomprensibles.

-Si quieres lucirte y deleitar a tu audiencia, deberás aportar un enfoque enriquecido con tus experiencias y con las luces de tu imaginación. Y no solo eso, tendrás que escoger las palabras precisas, la perspectiva adecuada, el ritmo apropiado, etc. Describir es como pintar un cuadro; no basta con que se parezca al original (para eso haz una foto), tiene que captar la atención, despertar la curiosidad, educar la mirada y deleitar al intelecto. Aprende a mirar y después transmite tus emociones. Carga tus palabras no solo de sentido, sino también de sentimientos. Guía a tus lectores por ese espacio y cautiva su atención con tus indicaciones.

¿Y cómo se logra todo eso? Pues como casi todo; practicando, equivocándote y corrigiendo tus errores con la ayuda de alguien.

Si quieres, puedes empezar ahora mismo. Vamos a hablar del otoño, ¿te apetece? Aquí tienes unas cuantas fotos. Escribe lo que te sugieran, introdúcete en estos paisajes y cuéntanos lo que ves y lo que sientes (tú o un personaje).

Estaré encantado de publicar vuestras ideas en una próxima entrada si me las enviáis por e-mail o las dejáis en los comentarios.

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¡Madre mía! Con estos paisajes tan evocadores me están entrando ganas de dejar esta entrada y empezar a describir ahora mismo 😉

Un saludo

 

PROPÓSITO DE FIN DE AÑO

¡¡Hola!!

Lo sé, últimamente apenas he publicado nada por aquí, a excepción de la bonita felicitación navideña de la anterior entrada 😉 . ¿La razón? No solo es una, son varias. La típica excusa es la falta de tiempo, y en parte es cierto. Pero yo soy el primero que dice que eso no es una excusa válida. Cuando queremos hacer algo, lo hacemos, aunque “no haya tiempo”. Así que posiblemente la razón de que haya dejado este blog un poco abandonado ha sido la falta de temas sobre los que hablar.

Llevo más de cien entradas (aunque hay muchas de mis colaboradores), y ya he tratado muchísimos temas sobre la escritura. Así que llegó un momento en el que ya no sabía qué más podía contaros. Y no soy de los que hablan por hablar…

Pero, os seré sincero (típica muletilla que parece significar que todo lo anterior era mentira 😉 ), ya echaba de menos pasarme por aquí, volcar mis ideas y recibir vuestros comentarios y sugerencias. Así que… Ahora que llega el fin de año, me hago el propósito de retomar esta página durante los próximos meses. No creo que siga el ritmo de una entrada semanal, pero se hará lo que pueda.

Y AHORA ES CUANDO OS PIDO AYUDA

Necesito vuestra colaboración. ¿Qué tipo de ayuda? Podéis enviarme vuestros escritos (breves) para que los publique aquí, o podéis sugerir temas sobre los que queréis que hablemos, o lo que queráis. Pero, por favor, NO ME DEJÉIS SOLO con este blog, que me da miedo, jajajajaja. No, en serio, si os apetece participar, me haréis un favor.

Y para que veáis que esto no son solo palabras que se llevará el viento, os pongo aquí algunos de los temas que voy a tratar en las próximas entradas:

PUBLICAR CON AMAZON (Empezamos fuerte, ¿eh?) Os voy a contar mi experiencia personal y reciente.

TALLERES DE CORRECCIÓN DE TEXTOS: Esto ya veremos qué tal. Mi idea es grabar algunos vídeos en los que os muestre cómo corregiría yo algunos escritos, por si os sirve de ayuda a la hora de revisar y corregir los vuestros.

Y de momento no se me ocurre nada más 😛 . Como veis, es totalmente cierto que necesito ideas.

Hala, no os aburro más.

Que cerréis este año lo mejor posible y entréis en 2018 con buen pie.

Un saludo

 

EL FONDO Y LA FORMA

Cuando hablamos de los libros que nos han gustado, lo habitual es que nos refiramos a la historia que se cuenta en ellos, los personajes que aparecen, o algunas escenas memorables. No es habitual que nos centremos en los recursos literarios que emplea el autor, su manejo de las estructuras gramaticales o el buen uso de los signos de puntuación, ¿verdad?

Resultado de imagen de libro¿Significa esto que en un libro lo importante es el fondo y no la forma? Esta pregunta da para varias tesis, pero yo ya he tenido suficiente con la mía, así que le cedo el tema a quien quiera 😛 . Ahora en serio, no es una pregunta fácil de contestar o, mejor dicho, la respuesta es un DEPENDE tan grande que no creo que sea un asunto para tratar aquí.

Tan solo quería compartir algunas reflexiones con vosotros sobre este aspecto de la escritura. Desde mi punto de vista, en las novelas lo que más importa es el fondo, pero la forma es determinante. Si tienes una buena historia, pero la cuentas mal, te has cargado la historia. Es lo mismo que ocurre con los chistes. Ahora bien, si tienes un don para contar chistes pero tu repertorio no tiene gracia alguna… Lo sé, es posible que, aun así, logres arrancar las risas del público, pero para conseguirlo tus dotes deben superar en mucho las de la media.

Resultado de imagen de problemSi quieres escribir una novela, tendrás que pensar una historia. Habitualmente comienza todo con los personajes y poco a poco confeccionamos la trama. ¿Cuál suele ser el problema…? ¿¡Solo uno!? ¿Cuál suele ser UNO DE LOS PROBLEMAS de los escritores principiantes? “Tengo la historia en la cabeza pero no soy capaz de plasmarla sobre el papel”. Nuestra forma nos estropea el fondo. ¿Cómo solucionarlo? Con la práctica.

Hace tiempo dediqué una entrada a “la escritura transparente”. Es el título de un libro sobre estilo que leí y me gustó bastante. La forma buena es la que nos permite ver el fondo como un cristal bien limpio. Es lo complejo de la sencillez. Hace falta mucho tiempo para preparar un buen discurso improvisado. Hacen falta muchas revisiones para lograr un estilo sencillo.

Imagen relacionada¿Cuál debería ser nuestro primer objetivo como escritores? Contar buenas historias sin estropearlas con nuestra manera de escribir. No busques estructuras antinaturales, no emplees un vocabulario que desconoces, no… Demasiadas negaciones. Sé fiel a tu estilo, pero púlelo, quitando esas aristas que incomodan al lector.

¿Un consejo? Lee tus escritos en voz alta. Ya verás cómo, de ese modo, te percatas de cuándo sobra una palabra, falta una pausa, se produce una rima interna…

Céntrate en la historia, pero recuerda que para que se vea bien el paisaje el cristal tiene que estar limpio 😉

Un saludo y feliz año nuevo.

LA TIMIDEZ PUEDE SER UNA GRAN VIRTUD

-A juzgar por su manera de hablar –dije-, usted también debe ser un buen escritor.

-Los charlatanes nunca escriben. Sólo hablan y hablan.

La librería ambulante. Christopher Morley

¿Eres tímido? No hace falta que se trate de una timidez paralizante, que te dificulte la relación con la gente que te rodea. Repito la pregunta, ¿eres tímido? Voy a hacer una pequeña lista de manifestaciones de timidez para que te resulte más fácil responder.

Si eres tímido…:

-Te resulta incómodo hablar en público.

-Te sientes algo cohibido en presencia de gente que no conoces.

-Prefieres permanecer en un segundo plano y no ser quien lleve el peso de la conversación.

-Cuando hablas, tiendes a que tus intervenciones sean breves para no acaparar demasiado la atención de los demás.

-Te cuesta llevar la iniciativa cuando te presentan a alguien.

¿Cómo ha ido? Ya ves que no se trata de cosas raras ni extraordinarias. Yo creo que casi todos tenemos cierto grado de timidez, aunque puede ocurrir que, con el tiempo, la vayamos dominando o superando.

No voy a hablar sobre el carácter, cuánto se debe a la genética, cuánto al entorno, etc. Ni soy experto, ni es la finalidad de esta entrada. Aquí me voy a centrar en la relación entre timidez y escritura desde mi punto de vista. Aunque en realidad ser introvertido y tímido no es exactamente lo mismo, aquí utilizaré el segundo término para hablar de las dos cosas. Esta no es una entrada “científica” sino una reflexión que espero que os interese 🙂

Todos tenemos muchas cosas qué decir. Más de las que creemos. Cada persona es un mundo repleto de sueños, sentimientos, ideas, proyectos,  experiencias… Ese mundo se enriquece con la reflexión. Los tiempos de silencio, en los que elaboramos nuestras ideas, examinamos nuestra actitud, valoramos las opiniones de los demás, etc. nos ayudan a forjar nuestra personalidad, a configurar nuestro modo de pensar, a fundamentar los principios sobre los que basamos nuestra vida. Si no hay silencio y reflexión, posiblemente nos limitemos a vivir por inercia. Y eso acaba pasando factura antes o después.

Hay personas que hablan sin parar. Se podría decir que sienten la necesidad de retransmitir sus pensamientos y sus vivencias. A veces, son tan profundas e inteligentes que todo lo que dicen tiene sentido y es interesante. Sin embargo, no es raro que los que hablan mucho terminen agotando a su audiencia. Sobre todo porque cuando se habla no se escucha. Y estar mucho tiempo con alguien que emite pero no recibe suele hastiar. También están los que no abren la boca más que para comer. Por más que les preguntas solo pronuncian monosílabos y parece que hasta esa tarea les resulte costosa. La consecuencia suele ser que la gente huye de su compañía porque se producen silencios embarazosos o simplemente es aburrido.

Pero, además de otros muchos casos dentro de este amplio abanico de conductas, con cierta frecuencia encontraremos personas cuyos silencios no repelen sino todo lo contrario. Me refiero a aquellas personas algo tímidas, que no se esfuerzan para defender su porcentaje de tiempo en una conversación, que pueden parecer ajenas a lo que se dice, aunque no es así, y que casi pasan inadvertidas dentro de un grupo. Sin embargo, cuando se habla con ellas a solas, o en compañía de gente entre la que se sienten cómodas, esas mismas personas silenciosas no dudan en hablar con soltura y mostrar sus sentimientos. Quizá cueste algo de tiempo y esfuerzo ganarse su confianza, pero cuando se logra desparece la rigidez en el trato o la actitud reservada, al menos en parte.

Ese tipo de personas, bastante frecuente en cualquier parte, goza habitualmente del respeto y la estima de muchos de sus compañeros, ya que suelen evitar las polémicas, casi nunca ofenden a nadie con bromas pesadas y, lo más importante, saben escuchar. Sus comentarios tienden a ser acertados y valorados como tales por los que les escuchan. Y, cuando vencen su timidez y se hacen oír ante un grupo numeroso, el hecho de que se trate de algo poco frecuente e incómodo para esos involuntarios protagonistas hace que los demás los escuchen con más interés.

Los ratos de silencio, de escucha atenta, de reflexión, de lectura (no es raro que sean grandes lectores) han enriquecido su mundo interior y, por eso, tienen mucho más que aportar que aquellos que solo viven hacia afuera. Y por eso, tampoco es raro que entre esas personas haya bastantes con afición por la escritura. Porque, al fin y al cabo, todos necesitamos comunicarnos, compartir nuestra vida, abrir nuestra mente y dar vida a nuestras ideas e ilusiones. Podemos hacerlo de palabra pero, para eso, tenemos que vencer la natural reserva a mostrar nuestra intimidad y, más importante aún, tenemos que gozar de la confianza de alguien que sepa valorar todo eso que compartimos y que nos escuche sin impaciencias. ¿Conoces a ese alguien? Genial. Cuida esa amistad y no permitas que nada la estropee. Pero, independientemente de que sea así, no es raro que no nos baste y elijamos otro modo de comunicación: la escritura.

Cuando escribimos, no tenemos miedo de estar robándole tiempo a nadie, o de aburrirle o cansarle. Quien quiera leernos, que nos lea. Y el que no, que no lo haga. Podemos plasmar nuestra imaginación con todo lujo de detalles. Dar rienda suelta a nuestra creatividad. Expresar emociones -propias o ajenas-, analizar actitudes, contrastar puntos de vista… Dar vida a ese mundo interior que todos tenemos y debemos alimentar. Porque sin interioridad somos cuerpos sin alma.

¿Eres tímido? Pues no sabes la suerte que tienes. Porque esa timidez, bien orientada y moderada, te facilitará el cultivo de esa interioridad. Tu tendencia al silencio, siempre que no te aísle de los que te rodean, afinará tu percepción. Además, hace más falta gente que escuche que gente que hable. ¿Eres tímido? Aprovecha ese regalo de la naturaleza y pon tu creatividad al servicio de los demás. No dejes que tu mundo sea solo para ti. Busca el modo de compartirlo con los que te rodean. Seguro que hay muchas cosas en él que les gustarán y les servirán de ayuda. ¿Eres tímido? Cumples uno de los requisitos para llegar a ser un buen escritor; por algo se empieza 😉

A continuación os pongo una charla que os puede resultar interesante. A mí me gustó mucho. Está en inglés, pero hay subtítulos en castellano para quien los necesite 😛

 

LOS TERCEROS PASOS (Y YA NO HAY MÁS) xD

Hola a todos.

Esta mañana, al entrar en el blog, he visto un comentario “pendiente de moderación” en la entrada “LOS SEGUNDOS PASOS”. Esa entrada la escribí a petición de una lectora que se quejaba de que todos los consejos para escritores hacían referencia a las primeras etapas de la escritura, pero no a aquellos que ya habían caminado cierto trecho de esa senda… Pues bien, el comentario de hoy me invitaba a hablar de “LOS TERCEROS PASOS”.

Agradezco que la gente me sugiera tema de los que hablar en esta página, porque así sé que al menos hay otra persona interesada en ese asunto, y no estoy soltando un rollo al ciberespacio. Por lo que me dispongo a tratar de abordar ese asunto… Sin saber muy bien qué voy a decir.

Veamos, ya has empezado a escribir, has pasado por los primeros problemas y los has superado. ¿Qué puede pasar ahora? Que tengas más problemas. Sí, casi seguro que eso es lo que pasará. Pero, mi consejo para eso sería el mismo de los SEGUNDOS PASOS, es decir:

¡¡SIGUE ADELANTE!!

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Y tú sigues adelante y ¡¡TERMINAS TU NOVELA!! Aplausos, fuegos artificiales, música emotiva, banderas al aire, confeti, champán, palmadas en la espalda, suspiros de alivio, sonrisas pletóricas y toda la parafernalia que acompaña al éxito logrado con esfuerzo.

Vale, genial. Y, cuando se te pasa el subidón, ¿qué? Ya has terminado tu novela. ¿Y? ¿Ahora qué? ¿La vas a dejar guardada en una carpeta de tu ordenador a ver qué pasa? ¿Vas a imprimirla y encuadernarla con gusanillo en la papelería de la esquina? ¿O vas a esperar a que las editoriales hagan cola a la puerta de tu casa para pedirte que publiques con ellos?

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Escribir una novela es difícil, pero solo depende de ti. Ahora tienes una tarea por delante en la que participan otras personas.

De acuerdo, soy el primero que dice que uno tiene que escribir por gusto, para disfrutar, sin agobiarse con publicar. Es cierto que terminar una novela ya es un éxito en sí mismo. Pero… No nos engañemos. Decir que escribes y no te importa si te publican o no, es como entrenar todos los días con un equipo de fútbol y decir que no te importa si juegas el fin de semana o no. Posible, pero poco frecuente. Tienes que disfrutar de la escritura, pero lo lógico es que luego quieras que sean muchos los que lean tus trabajos. Vamos, digo yo 😉

¿Y cómo se consigue?

Si esperas encontrar la receta mágica para publicar, deja de leer YA. Lo siento, no la tengo. Tan solo puedo ofrecerte algunos consejos y reflexiones. Tendrás que decidir por ti mismo.

Vamos allá.

Has terminado tu primera novela. ¿Qué tienes que hacer? Lo primero es revisarla y corregirla. Lo segundo es revisarla y corregirla. Y, después, te recomiendo que la revises y la corrijas. Hablo en serio. Con mucho esfuerzo lograrás que algunas personas le den una oportunidad a tu obra. Y, cuando eso ocurra, ¿quieres que la dejen de lado por no haberte molestado en pulirla un poco más?

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Correcto: “dar cera, pulir cera” 😛

Revísala, corrígela y, una vez que ya esté lo mejor posible, empieza el proceso. Te pongo las diversas posibilidades en el orden que yo estimo oportuno.

  1. Preséntala a un concurso: busca uno apropiado para tu obra y envíalo. Si no sale bien, puedes probar con otro. Tan solo te recomiendo que te marques un tope para dejar de intentarlo. Puede ser un plazo de tiempo (uno o dos años).
  2. Busca direcciones de editoriales y envíales tu novela: lee bien la información que piden y prepárala con cuidado (resumen de la obra, curriculum, informe sobre la novela, etc). También te puedes marcar un plazo de tiempo de espera. No muy largo, si no te dicen nada de nada, es que tienen pocas intenciones de contestarte.
  3. Infórmate sobre las diversas editoriales de coedición o autoedición. Te costará algo de dinero, pero… Es una inversión que tienes que decidir si quieres afrontar o no.
  4. Si no logras publicar en papel y no quieres gastar dinero, la única opción que te queda (que no es mala) es publicar en digital. Hay diversas plataformas para colgar y vender tu e-book. Amazon es una de ellas y el proceso es muy sencillo. Puede ser un primer paso para dar a conocer tus trabajos y lograr que te publiquen en papel otra obra en un futuro más o menos cercano.

Cada uno de estos procesos tiene su historia, pero tendrás que descubrirla tú mismo. Lo importante es que tengas ciertas garantías de que la obra en cuestión es buena, y para eso busca el asesoramiento de alguien de confianza y con cierto criterio literario. Si el libro es bueno, pelea, insiste y no te rindas. Pero sería una lástima malgastar fuerzas y llamar a mil puertas para presentar un producto que no vale la pena.

¿Y qué hago si me dicen que mi novela no es suficientemente buena? Dos opciones:

  1. Corregirla y mejorarla: recomendable en el caso de que te digan que con eso se puede arreglar.
  2. Dejarla en un cajón un tiempo. Más adelante la verás con otros ojos y descubrirás los fallos. En cualquier caso, no ha sido una pérdida de tiempo, te ha servido para aprender, no lo dudes.

¿Y si consigues publicar?

No te creas que ya está todo hecho. Habrás conseguido muchísimo, pero no todo. Los libros no se venden solos, tendrás que trabajar mucho. Pero, vale la pena.

¿Cómo se promociona un libro? Este podría ser el título de otra entrada. Así que me sirve para poner el punto y aparte. Ya veremos si me decido a contestar a esa pregunta o dejo que alguien lo haga por mí 😛

Espero que os haya servido.

Un saludo

@M_A_JORDAN