ENTREVISTA A NATALIA SANMARTÍN

En mis charlas con jóvenes lectores, suelo decirles que a los libros, como a las personas, hay que darles un margen de confianza. No se debe juzgar a la ligera ni partir con una idea preconcebida. Lo mejor es esperar un tiempo y ver cómo se desarrollan los acontecimientos.

Sin embargo, tanto con los libros como con las personas, hay ocasiones en las que uno solo tarda unos instantes en conectar. Puede que el tiempo cambie esa impresión o la consolide, pero el hecho es que algo nos dice que vamos a congeniar y esta predisposición facilita las cosas.

Esto es lo que me ocurrió a mí con “El despertar de la señorita Prim”. Una novela fresca, ágil, positiva, pero en absoluto superflua. Detrás de estas alegres páginas descubrimos la sabiduría de los clásicos y la profundidad de los que ahondaron en el espíritu humano.

A continuación os ofrezco una entrevista a Natalia Sanmartín, la autora de esta gran novela que no dudo en recomendaros.

“Parece que ha llegado un momento en el que hemos hecho tabla rasa y lo de atrás ya no nos sirve. Quizá haya que detenerse y mirar que hemos dejado por el camino”.

natalia-sanmartinNatalia Sanmartin Fenollera se convirtió con su primera novela en la sensación editorial de la pasada Feria de Frankfurt. Consiguió vender los derechos de su obra en nada menos que setenta países, en los que saldrá publicada a lo largo de este año y el próximo 2014. Algo absolutamente inusual y sorprendente, más si tenemos en cuenta que se trata de una ópera prima. El 4 de abril llegó a las librerías españolas.

El despertar de la señorita Prim, nos conduce a una pequeña colonia, San Irineo de Arnois, en la que sus habitantes tratan de recuperar la belleza, la sencillez, las tradiciones, el gusto por la buena conversación, la amistad…, y tantas otras cosas que nos hemos dejado en el tintero.

Estuvimos con su autora justo el día que presentaba a “su señorita Prim” en sociedad. Natalia Sanmartin es una mujer que, al igual que San Irineo de Arnois, transmite sencillez, calidez y, por qué no decirlo, una cierta fragilidad. Pero que tiene las ideas muy claras y, desde luego, rebosa grandes dosis de buena conversación.

Tu primera novela saldrá a la venta en nada menos que 70 países y se convirtió en la sensación de la pasada Feria de Frankfurt. Supongo que la respuesta a la pregunta “¿Te lo esperabas?” es obvia. Pero, ¿qué crees que ha llamado la atención de tantas editoriales de tan diferentes países?

No, no me lo esperaba, claro. Es más, sigo sin creérmelo.

Supongo que en primer lugar no es una novela muy local. Aborda un problema que en general padece todo occidente y es que el mundo moderno se ha convertido en lugar hostil y deshumanizado. Frente a toda esta crisis (no solo económica), se trata de una novela luminosa que reivindica el valor de las cosas sencillas pero esenciales: la belleza, las relaciones personales, el tiempo… Y también de las tradiciones, entendidas como tesoros transmitidos de generación en generación.

Además, por supuesto, es muy importante la labor de tu agente, al menos en mi caso. A fin de cuentas mi función es escribir y termina ahí. Luego ha de haber alguien que crea en tu obra y luche por ella. En este sentido, el trabajo de mi agente, Palmira Márquez, ha sido fundamental.

En los últimos tiempos parece que las grandes editoriales están apostando por autores nóveles, o con muy poca obra dentro del mercado (Dolores Redondo, Paul Pen, Jesús Carrasco…, usted misma), que antes casi se veían relegados a recorrer el tránsito de un sello independiente antes de aterrizar en uno de los grandes dinosaurios del sector. ¿Crees que la crisis no le está sentando del todo mal a las nuevas propuestas y quizá las editoriales por fin se hayan dado cuenta de que simplemente un nombre no es garantía de nada?

Puede ser. Evidentemente el mercado editorial también es víctima de la crisis generalizada y quizá sí, quizá la idea de no apoyarse simplemente en nombres abra las puertas a savia nueva.

Si no me equivoco, eres de formación periodista especializada en economía, sin embargo has escrito una novela que aboga por la belleza, los sentimientos, el amor, la amistad… ¿No era esto de la economía algo propio de gente gris y aburrida?

(Risas). Sí, me estoy dando cuenta de que tenemos una imagen terrorífica.

Antes que periodista especializada en economía me considero lectora y, por supuesto, una persona que está dentro de este mundo. Pero sí, es posible que este pequeño pueblo que he creado, San Irineo de Arnois, donde prima la amistad, la belleza, la verdad, la sencillez, las conversaciones…, me viniese muy bien como refugio después de llegar a casa agotada con la prima de riesgo y los rescates bancarios.

De hecho San Irineo de Arnois parece, al menos como propuesta, un buen refugio para cualquiera dentro de este mundo que da la impresión de que se resquebraja por mil sitios. ¿No sé si la idea surge en parte a raíz de esta crisis?

Sí, desde luego que lo es.

No, no surge exactamente a raíz de la crisis, aunque se haya solapado con ella. Yo tengo esta visión de las cosas desde hace mucho tiempo. Es más, si hubiese podido, habría fundado yo misma San Irineo de Arnois hace unos cuantos años ya. Pienso que después de la Segunda Guerra Mundial, en los últimos sesenta o setenta años, todo ha cambiado y ha habido una ruptura. Por eso reivindico la vieja cultura europea y la idea de la tradición como un árbol que va sumando y va creciendo.

Parece que ha llegado un momento en el que hemos hecho tabla rasa y lo de atrás ya no nos sirve, ni nos sirve el modo en que hemos educado a nuestros hijos y empezamos a buscar soluciones nuevas en la modernidad. Cuando quizá lo que haya que hacer sea detenerse y mirar qué hemos dejado por el camino. Pensar que si nosotros tuvimos infancias felices es porque nuestros padres no lo hicieron tan mal en muchos aspectos.

PORTADA-el-despertar-señorita-primEn esa vuelta a la tradición por la que tú abogas dentro de tu novela, en algunos momentos da la impresión que apuestas por el matrimonio más rancio, incluso con un cierto regusto que algunos podrían considerar machista.

Lo que sí es verdad es que estamos acostumbrados a mirar desde un solo ángulo y es conveniente observar las cosas desde distintos puntos de vista. 

Tengo la impresión de que hoy en día existe una sensación de agotamiento dentro de la mujer. Se nos ha vendido la idea de que la única forma que tenemos de realizarnos es dentro de este sistema donde prima el éxito laboral, cuando sin embargo está lleno de agujeros y de deficiencias. Las mujeres tienen familias que atender y necesidad de atenderlas, no solo porque sea una cuestión de imposición social, sino porque está dentro del vínculo materno y ellas desean hacerlo. Pero además también quieren desarrollarse en su ámbito profesional. En definitiva intentan llegar a todo y a veces convierten su vida en una auténtica esquizofrenia.

Quizá forzando un poco las cosas y llevando la pregunta al extremo, habría que cuestionarse si muchas de nosotras somos mujeres liberadas realmente… No lo sé. En cualquier caso debería existir la libertad de poder elegir, sin que se nos imponga una única receta.

Las mujeres de San Irineo de Arnois en su mayoría son mujeres formadas, con sus propios negocios, pero humanizados. También es un poco ese planteamiento que comentaba antes: la vuelta a lo pequeño, pequeñas profesionales… Yo no hablo de volver a casa y no trabajar. Pero quizá la fórmula sea distinta. Quizá la vida del asalariado sea menos sacrificada para un hombre. En fin…

En San Irineo de Arnois se han refugiado “exiliados del mundo moderno”. Pero, cómo lo expresaría, ¿no crees que todos tienen un cierto toque elitista y glamuroso? Todos son profesionales de éxito que “han visto la luz” dentro de sus vidas en algún momento. ¿No se puede “ver la luz” si uno es fontanero?

(Risas). Claro que se puede.

Sí, es cierto. En ese sentido reconozco que no es un dibujo muy realista, sobre todo en lo que se refiere a sus personajes principales. Pero se trata de un cuento y está un poco llevado al extremo. Aunque también hay que tener en cuenta que es una colonia a la que se ha sumado quien ha querido. En todo caso, en San Irineo también hay una parte que no se ve, pero que está ahí: granjeros, zapateros, panaderos…

¿O sea que podríamos admitir a todo tipo de profesionales?

(Risas). Sin duda. Además sería totalmente necesario e igual de valioso para una sociedad.  Es necesario tanto el intelectual como el que cultiva la tierra, sin distinción alguna.

Estamos arrinconando la belleza y la literatura”, dice uno de sus personajes. ¿No lo ha estado siempre? ¿No es precisamente ahora cuando está más democratizado el acceso a la cultura?

No me refiero tanto a la democratización de la cultura, que evidentemente es bueno, sino a que vivimos en la novedad del último minuto. En lo que se refiere a la literatura, sin ir más lejos, ves a todo el mundo leyendo el último título que ha salido al mercado (cosa que evidentemente a mí me favorece como autora), pero también hay un patrimonio intelectual y cultural que, aunque quizá sea más accesible, mucha gente no conoce.

Es posible que las redes sociales hayan sido positivas en ciertos aspectos. Pero también nos bombardean constantemente con pequeñas píldoras que no te permiten profundizar en nada ni reflexionar en silencio. Leer simplemente un libro sin recibir un “guasap”, un email, etc. se ha convertido en un auténtico lujo.

Ahondando en esa crítica al sistema educativo de la que hablábamos con anterioridad, y que sobre todo está presente en una primera parte de la novela, ¿crees que nuestro sistema educativo hace aguas?

Desde luego. Creo que hace aguas todo el sistema educativo de occidente en general. Yo por ejemplo crecí en una casa rodeada de muchos libros y a mí nadie me dijo nunca que tenía que leer un libro porque fuese de cinco a seis años, o de diez a doce años. Podía leer a Mark Twain, o la Isla del Tesoro, o La Ilíada. Y lo podía leer en la medida en que era capaz o no de entenderlo. Creo que ahora la educación está demasiado encorsetada y que, en cierto modo, coarta tu curiosidad. Esto me parece un empobrecimiento.

Por otro lado, hemos avanzado tecnológicamente. Pero tenemos niños que son incapaces de centrar su atención, por ejemplo, en un cuento. Si te fijas ahora los cuentos son de diez páginas. Una piensa en los niños de la Inglaterra del s. XIX a los que les leían Peter Pan y disfrutaban de él…

El sistema educativo es muy rígido. Probablemente se dan muchas materias pero se ahonda muy poco en ellas. En las clases de literatura prácticamente no se lee ningún autor en profundidad, sino que te muestran pequeñas “pildoritas” de todos ellos, algo que resulta muy pobre. No creo que los niños de esta época sean menos inteligentes que los del s. XIX.

Hay una cosa que me ha llamado la atención en cuanto al estilo. Aunque la historia está situada en la actualidad, está narrada con un tono que recuerda mucho a la literatura decimonónica. ¿Por qué? ¿Tiene algo que ver con esta recuperación de las tradiciones de la que hablas en el libro?

¿Sí? ¿De verdad te lo parece? No sé, pienso que escribo de una forma muy sencilla. Sin frases demasiado subordinadas, ni adjetivos demasiado complejos, como sería más propio de la literatura decimonónica. Aunque tampoco soy la persona más adecuada para analizar mi propio estilo. Supongo que si recuerda un poco al siglo s. XIX es más por el ambiente o por esa vuelta a las cosas sencillas de la que venimos hablando durante toda la entrevista.

“El hombre del sillón”, en torno al que gira buena parte de la trama, no tiene nombre. ¿Existe una razón de peso o simplemente se trata de falta de imaginación? 

(Risas). No, no es falta de imaginación. Aunque si ahora me preguntases que nombre le pondría no tendría ni la menor idea, para mí ya es “el hombre del sillón”.

Existen dos razones. La primera se trata de un pequeño homenaje a una escritora que me encanta, Elizabeth von Arnim. Ella escribió una primera novela a finales del s. XIX, Elizabeth y su jardín alemán, de corte autobiográfica en la habla de su marido que, parece ser, era un hombre de muy mal humor y lo llama “el hombre airado”. Por lo tanto, es un guiño a una de mis autoras predilectas.

Por otro lado, el libro está escrito desde el punto de vista de la señorita Prim y es como ella lo ve por primera vez: en ese sillón, rodeado de niños, en la chimenea…

Ya para finalizar. ¿Preparas nueva novela? ¿Nos puedes adelantar algo de ella?

Seguro que habrá una próxima. Pero de momento no sé ni cuándo ni sobre qué tratará. De momento quiero disfrutar de esta. Además, mientras la crisis siga azotando, mi trabajo como periodista especializada en economía es muy intenso…

¿Publicar en setenta países no da ni siquiera para una excedencia?

(Risas). Bueno, yo soy mitad señorita Prim, mitad “hombre del sillón”. Tengo esa ansia por la sencillez y la belleza. Pero también una cabeza muy racional.

Gracias. Ha sido un placer charlar contigo. 

Igualmente. Gracias a vosotros.

Si quieres leer la entrevista en la web original pincha aquí

UN SALUDO A TOD@S. 

@M_A_JORDAN

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