SOMBRAS DEL DESIERTO

¡Hola!

Hoy también contamos con la colaboración de una joven escritora que ha tenido la amabilidad de enviarme uno de sus microrrelatos para que lo publiquemos en el blog. Su autora es Sandra Jaén, y su escrito lleva el título de:

SOMBRAS DEL DESIERTO

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En un par de segundos, el caballo alcanzó una gran velocidad. Miré hacia atrás y pude ver que los guardianes me seguían sin descanso. La arena del desierto bailaba ferozmente al son del viento y chocaba sobre mi piel como un centenar de agujas lo habrían hecho.

La libertad se encontraba a escasos metros. Mi corazón palpitaba desenfrenado, como una bestia salvaje. Con cada trote, la ciudad quedaba más lejos. La luna se reflejaba en mis cicatrices. Sentía la energía de la noche correr por mis venas como fuego griego. Entre truenos y relámpagos, una gran masa de nubes cargada de electricidad se alzó ante mí, rodeándome. Cada célula se sometía a la corriente. Una nueva fuerza se apoderó de mí ser. Notaba la presencia titánica de los espíritus cuando un sonido chirriante me devolvió a la realidad. Con aires de grandeza, bajé del tiovivo.

−Mami, ¿puedes poner otra moneda?

¡¡Muchísimas gracias a Sandra por su colaboración!!

Un saludo

DÍA A DÍA

¡Hola!

Hoy tengo el honor de presentaros a una nueva colaboradora que ha tenido la amabilidad de enviarme uno de sus escritos. Y, como la protagonista de esta entrada es ella, me callo y os dejo con las palabras de Delia.

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Resultado de imagen de cielo gris
(L)os días en que no existe él sol y (U)n cielo gris (N)os cubre él corazón y (E)l alma (S)e esconde tras una triste mirada.
Imagen relacionada
(M)uchas veces me he imaginado que había pasado (A)antes de ti, ahora me (R)io y pienso lo (T)onta que fui, (E)estaba pérdida y por fin te (S)enti
Resultado de imagen de chica melancolica
(M)is miedos siempre serán y han sido (I)nternos, pero también (E)ternos, mientras él elefante tiene miedo al (R)aton, todas mis pesadillas son (C)ontigo, o sin ti, a veces (O)igo tu nombre pero ya no (L)o escucho con una sonrisa (E)n la boca, ahora dilo lo recuerdo con buen (S)abor.
Resultado de imagen de playa melancolía
(J)óxidos meses de verano, de (U)n verano, de ese verano en (E)l que te conocí, en él que te (V)i en la playa jugando con la arena y (E)l sol se reflejaba en tu piel morena (S)ubiendo por tu melena.
Resultado de imagen de noche estrellada
(V)oy o vienes a verme, (I)intento convencerte de (E)se futuro que podemos soñar juntos (R)iendo a escondidas y disfrutando las (N)oches (E)strelladas entre (S)usurros.
Resultado de imagen de mirada
(S)oy una chica sería, pero no tanto como las de (A)antes, soy una chica buena, pero no tan (B)uena como las de (A)antes. (D)oy las gracias por todo, a veces con palabras, (O)tras veces, con miradas.
Imagen relacionada
(D)amos las gracias por encontrarnos (O) también podemos quedarnos callados aunque (M)ejor disfrutarnos. (I)insinuando al mundo que lo (N)uestro no es por (G)usto, que para gusto esta tu (O)lor.
¡¡Muchas gracias a Delia por su colaboración y muy feliz semana a todos!!

ESTA DESCRIPCIÓN NO ES UN ROLLO xD

Hola a tod@s.

En esta entrada os ofrezco la respuesta de Laura a mi reto del otro día. A continuación os pongo la foto que ella escogió y el escrito que surgió de esa imagen. ¡Mil gracias, Laura!

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Fui a pasear al gran parque que hay en el centro de la ciudad. Era un día de otoño de esos que ya están muy cerca del invierno y el sendero hecho de arena para los paseantes estaba todo cubierto de hojas rojas, marrones y amarillas. A mí, que soy un tipo serio, no me gusta arrastrar los pies al caminar, ni tampoco me gusta la gente que lo hace. Sin embargo ese día, durante ese paseo solo, o más que solo, sólo conmigo, arrastré los pies a conciencia y disfruté de ello. Disfruté de la vida que mis pasos parecían insuflarle a ese montón de hojas muertas.

Miraba de tanto en tanto a los lados del camino, y me fijaba en los árboles mientras pensaba y, como en todas las cosas que se piensa, se te meten dentro y en vez de estar yo en el parque, resultó que era el parque el que estaba en mí. Eran árboles de troncos robustos y sus copas frondosas abovedaban el paseo con hojas de colores cálidos y melancólicos –aunque quizá fuera yo quien estaba melancólico aquella mañana-. Sara, estoy seguro, hubiera asociado esos colores rojizos y anaranjados al fuego y no a la melancolía. Yo le hubiera contestado que hay demasiado verde para pensar en el fuego y ella se hubiese reído de mí y de los márgenes estrechos con los que miro las cosas, o los colores. Seguí caminando por el sendero recto y llano al que no se le veía final, bajo la bóveda de hojas de colores, flanqueado por esos troncos que me parecían columnas de este templo a la belleza.

Me senté en un banco de piedra que había por allí, tan solo como yo, y me quedé un momento perfectamente quieto, como si yo también fuese de piedra, una piedra que pensara en los árboles. Supongo que las cosas que no están vivas piensan en las que sí lo están. Es bonito que en mitad de la ciudad haya un parque como este, no hay muchos lugares donde los urbanitas podamos experimentar la naturaleza y, al fin, nos volvemos unos salvajes, pero de otro modo. De repente pensé en que ese parque era un gesto generoso de la vida si pensábamos en nosotros, las personas. Pero cómo de egoísta era si pensábamos en ellos, los árboles.

El pensamiento me voló como cualquiera de los gorriones que allí volaban de una rama a otra, y se posó libre en esa idea, lo mismo que un gorrión, apenas por un minuto. Pero ese minutó me bastó para sentir pena de aquellos árboles, en mitad de la ciudad, como si fueran flores en un jarrón. Allí, en aquel parque, alineados marcialmente, parecían felices formando un techo de hojas de colores y una alfombra roja para los que solos, salimos a pasear; pero yo sabía que no eran felices porque no estaban allí para sí mismos, sino para nosotros. <<Qué tonterías dices>>, me habría dicho Sara, estoy seguro. <<Los árboles no necesitan la felicidad.
Les basta y les sobra con ser lo que son, no como nosotros, que nunca somos felices porque jamás nos basta con ser lo que somos>>. Sé que me habría dicho aquello porque ya me lo había dicho antes, una mañana de otoño como ésta, como esta misma, con la luz del día colándose tímida entre las copas de los árboles del mismo modo que el agua se cuela entre los dedos.

Una mañana como esta misma, en la que el suelo de arena era una alfombra de hojas rojas que estaban muertas pero que nosotros, arrastrando nuestros pies, volvíamos a la vida. Una mañana como esta, en la que el cielo no era azul ni de nubes blancas, sino verde, rojo y amarillo, de hojas que se movían, como nubes, por el viento. Esa mañana que yo añoro en esta, como esa vida soñada que añoramos en esta vida que vivimos y, que de tanto soñarla, ya no sabemos si es ésa y no ésta en la que hacemos eso de vivir. Sara no está, se desprendió de mi vida como todas estas hojas se han caído de las ramas de estos árboles, con el tiempo, que todo lo cambia; y como estas hojas, el recuerdo, no de ella, sino de mí con ella, alfombra de rojo el camino por el que pasean mis pensamientos y, aunque sé que nuestro amor está muerto, arrastrando los pies, me parece que vuelve a la vida.

ACTUALIZACIÓN DE “PUBLICAR CON AMAZON” Y UN ESCRITO DE UNA COLABORADORA

Hola a todos.

Como veis, continúo cumpliendo mi propósito de mantener vivo el blog. La verdad es que la culpa la tenéis vosotros 😉 . Sois muchos los que visitáis estas páginas y no pocos los que me escribís de vez en cuando para comentarme alguna idea o sugerencia, o para lanzarme alguna pregunta a la que yo respondo como puedo.

Hoy quiero compartir con vosotros un escrito que me ha enviado Julia R. desde Santander. Pero, antes de cederle definitivamente la palabra, aprovecho para completar la última entrada en la que os hablaba de mi experiencia de publicar con Amazon.

Van pasando los días y compruebo que todo funciona a la perfección (conste que no tengo acciones de Amazon, ni me pagan por hacerles publicidad, ni nada de eso… aunque si algún directivo de Amazon quiere ponerse en contacto conmigo, seguro que llegamos a un acuerdo 😛 . Lo mío es la consecuencia de un cliente satisfecho, ni más ni menos). Ya me ha llegado la nueva edición de todas mis novelas y el resultado ha cumplido las expectativas. Os pongo aquí una foto de mis criaturas 🙂 . Si pincháis en la imagen obtendréis más información sobre cada una de ellas.

Dicho esto, cambiamos de tema y volvemos a lo importante, es decir, a Julia y a su escrito, que podéis leer a continuación.

 

Creo que te echo de menos

Hoy voy a combinar verso libre,

con mi prosa sin calibre.

Hoy quiero dedicarte a ti este poema,

si lo quieres llamar así,

por haber sido como una gema.

Un amuleto, mi paracaídas,

y últimamente, mi último pensamiento

antes de dormir.

Sé que me he saltado lo del verso libre,

pero ya no tengo quien me equilibre.

Lo sé, sigo yéndome del tema,

siempre te molestaba,

o te enternecía,

¿Quién sabe ya?

¿Cómo puedo saber si sigues

orgullosa de mis versos, de mis

notas o de mis palabras?

No sé, es extraño no tenerte,

que no estés para decirme que me despierte,

que vuelva a enorgullecerte.

Quiero que vuelvas,

que me sigas contando historias,

reales o mágicas,

pero más aventuras.

Y es que creo que te echo de menos…

Muchas gracias a todos por vuestro tiempo y en especial a Julia por su colaboración.

Un saludo

OBÉLIX

Hola a todos.

Espero que estéis teniendo un feliz verano.

En esta entrada os ofrezco un escrito que Nuria Santiago, administradora del blog “Domingos literarios”, ha tenido la amabilidad de enviarme.

Os dejo con sus palabras

Obélix

Resultado de imagen de perro labrador blancoQuince años, setenta y cinco quilos, una cantidad ingente de pelo, con la que se podrían sacar unos cuantos jerséis de lana para el invierno y un corazón.

Un corazón que hace que lo prefiera a él antes que a cualquier humano, porque él me da calor sin esperar nada a cambio. Él me cuida, me protege y me quiere. Lo veo en sus grandes ojos que me miran embobado cuando estoy sentada en las escaleras, mientras el acerca su cabeza a mis piernas para que le de caricias.

El único precio a pagar es poner mi pantalón perdido de pelo blanco, pero lo quiero y oler a perro todo el día me da igual.

Cada vez que cruzo el umbral de mi casa con intención de llegar a mi trabajo, veo en su mirada, perdida en el aire rogándome que no me vaya… No hay palabras que lo tranquilicen, no le gusta ser abandonado.

Imagen relacionadaObélix llego a mi casa con 1 año. Su historia, triste como la de muchos otros perros que habitaban aquella centro de acogida.  Conforme avanzaba por aquellos pasillos, los ojos llorosos de centenares de perros se clavaban en los míos, y los quejidos de los mismos por intentar buscar un hogar hacían que los míos se llenaran de lágrimas. Aquel verano, la perrera estaba llena. Como cualquier otro verano.

Me metí en el patio donde estaban la mayoría de los perros que ya habían pasado el control del veterinario, el cual voluntariamente dedicaba sus horas a mirar por el bienestar de esos ejemplares. En el patio, los perros se acercaron a mí. Algunos de ellos temerosos, debido a su pasado. Otros buscaban mis caricias, ansiosos por alguien que los quisiese. Dentro del segundo grupo estaba Obélix.

Un ejemplar precioso de Labrador, que se acerco a mí con calvitas en el cuello debido a una correa que le había privado de su libertad por bastante tiempo. Pero en sus ojos el deseo de encontrar un hogar. Y como cuando  lo vi, sentí la necesidad de protegerlo, de cuidarlo, de llevarlo conmigo.

Y así fue, poco a poco Obélix se acostumbró a mi presencia y a mi casa, y me demostró que a pesar de su pasado el era perfecto. Educado, cariñoso, sociable, protector. Poco a poco, pasaron los años, y el cuerpo de Obélix lo reflejaba. Yo me casé, y Obélix vino conmigo, también estuvo conmigo cuando mis hijos nacieron siendo su niñera perfecta.

Obélix tenía 15 años, y a pesar de la sordera y de los achaques propios de la edad seguía amándonos a cada uno de los miembros de mi familia.

Y es ahora, como lo fue cuando lo adopté, cuestión que me preocupa ¿Quién abandonó a este pequeño trozo de cielo?

Quizás fue víctima de un dueño que no reparó en que los animales también sienten y aman. También pudieron abandonarlo porque no tenían dinero para cuidarlo, era muy grande o soltaba mucho pelo, pero eso es algo que hay que pensar antes de meter en casa a un labrador como Obélix. Por otro lado también estaba la posibilidad de que su antigua familia desear unas vacaciones y se olvidase que el Obélix nunca los hubiese dejado tirados por que simplemente en ese momento molestaba…

Obélix es un gran perro, que está en mi corazón. Gracias a él he comprobado en mis propias carnes que los animales sienten y aman como una persona. Obélix trata a mis hijos con la mayor dulzura y delicadeza que se puede esperar de un perro tan grande. Obélix es mi perro, y jamás sería capaz de hacerle mal.

Resultado de imagen de perreraComo Obélix, miles de perros están este verano siendo abandonados masivamente, porque sus dueños quieren irse de vacaciones. Cada día hay más perreras que no pueden cuidar de todos ellos y buscan familias que los adopten. Un perro jamás te abandonaría, si quieres adoptar un perro piénsalo bien, es una gran responsabilidad, comprométete con él. Hay miles de perros maravillosos esperándote.

NUEVA COLABORACIÓN

Hola a todos.

Hace tiempo que no publico ningún escrito de colaboradores del blog, así que me alegro de poder ofreceros hoy unas palabras de Brenda Cáceres, que aparece por primera vez en este espacio y a la que desde aquí le agradezco su trabajo y le deseo mucha suerte en el camino de la escritura.

Como es un texto un poquito largo, os pongo aquí el inicio. Para seguir leyendo, solo tenéis que pinchar en el enlace que encontraréis al final.

 

Hace un tanto perdí a alguien y no por una ruptura amorosa o por el fin de una amistad. Hace un tanto perdí a alguien porque una mañana tal vez Dios, tal vez la vida o no sé a qué o a quién responsabilizar por su muerte, así lo decidió.

Cuando pierdes a alguien así, comienzas a ver el dolor de otra manera. Recuerdo alguna vez haber perdido a alguien y llorar hasta más no poder durante varios días, luego superarlo y luego reírme mientras me sentía ridícula por haber llorado tanto, pero cuando alguien muere ya no es más así; en ese caso, puedes llorar todo lo que quieras y creer haberlo superado pero nada va a cambiar el hecho de que ya no esté con vida, no poder volverlo a ver y esa es la peor parte del dolor.

Esta no es la típica historia de arrepentimiento por no querer o aprovechar al máximo a la persona cuando está con vida y lamentarte cuando fallece. No me arrepiento de nada porque lo amé con locura y estoy segura que él a mí, su amor era puro y real, los momentos juntos fueron más que suficientes para crear el lazo que teníamos…

Para acceder al texto completo pincha AQUÍ

Muchas gracias a Brenda por su colaboración.

Un saludo

@M_A_JORDAN

DE MAYOR QUIERO SER AUSTENITA

Hola a todos.

Hoy quiero compartir con vosotros una entrada que se ha publicado en el blog de la Jane Austen Society en España y que me ha encantado tanto por lo que cuenta como por cómo lo cuenta.

Aunque en su escrito, Neus Baras habla de su primer contacto con Jane Austen, a través de “Orgullo y Prejuicio”, esta experiencia literaria es extensible a diversos libros y autores, y refleja muy bien por qué nos gusta tanto leer… y escribir 🙂

Dicho esto, os dejo con Neus y su historia:

DE MAYOR QUIERO SER AUSTENITA

El día en que leí Orgullo y Prejuicio mi vida empezó. Y no bromeo. Ese día lo tengo conscientemente idealizado porque es el día en que conocí a Jane Austen y ella me hizo descubrir quién era yo y sobre todo quién quería ser.

Yo tenía 14 años y por mi gran fortuna estaba en esa edad en que se tienen pocas obligaciones y las pocas que se tienen desaparecen durante las vacaciones . Digo esto porque yo leí Orgullo y Prejuicio (por primera vez) el fin de semana antes de Navidad de 1996, justo cuando empezaban las vacaciones.

Resultado de imagen de ramblas barcelona navidadLas navidades en Barcelona son mágicas. La Rambla de Cataluña se llena con luces centelleantes, los comercios adornan sus escaparates con deliciosas y caras tentaciones y la gente saca sus guantes, bufandas y gorros aprovechando los pocos días invernales de los que van a disfrutar (en el Mediterráneo ya se sabe). La gente anda por la calle con las mejillas sonrosadas y el semblante alegre acumulando felicidad a golpe de tarjeta de crédito. Todas las ilusiones del año se condensan en esos días hasta la culminación de la felicidad del día de reyes. 

Imagen relacionada

Y todo esto yo me lo perdí porque me quedé encerrada en casa leyendo Orgullo y Prejuicio (una y otra vez). La primera vez la recuerdo con especial nitidez. Fue en un viejo sillón de orejas junto a un enorme árbol de navidad que bloqueaba la salida del sillón; tenías que literalmente aplastar el árbol para salir de allí. Así que pasé esos dos días encerrada en mi casa, encerrada en el sillón por el árbol, por la novela de Jane Austen en realidad. Y sin embargo a mi me daba igual lo que pasaba en el exterior. ¿que más me daban a mi las luces y los paquetes y los falsos copos de nieve? Yo disfrutaba de la compañía del señor Darcy y de Elizabeth Bennet, de Lady Catherine de Bourgh y del señor Collins y también de un montón de bolas navideñas colgadas del árbol que seguro que intentaron más de una vez leer por encima de mi hombro y maldiciendo que yo pasara las hojas tan rápidamente.

Me pasé dos días sentada en el sillón en todas las posiciones posibles e imaginables: empecé con una posición ergonómica pero al cabo de unas horas se me entumecieron mis piernas así que probé de pasar mis piernas por encima de los reposa brazos… y así estuve hasta que me puse de cabeza para abajo. Esta posición no duró mucho, lo admito. En cualquier caso, no me moví de allí. Estuve absorbiendo Orgullo y Prejuicio como si mi vida dependiera de ello. Era como una droga y era imposible saciarme de ella. La necesitaba tanto que que casi la engullía y, en efecto, leí tan rápido el libro que días más tarde al releerlo me di cuenta que había trozos que había sobrevolado. 


Resultado de imagen de pride and prejudice charactersAl fin, al cabo de dos días, lo acabé y, después de lograr apartar el árbol y las bolas, emergí transformada. Mi vida había cambiado. Mis prioridades habían cambiado, mi percepción de las personas y del mundo habían cambiado. Entendí por fin que tipo de persona yo quería ser. Yo quería tener el sentido del humor y la sensatez de Elizabeth Bennet, la percepción del señor Darcy, ser corrosiva como el señor Bennet pero sin perderle el respeto a mis semejantes como él. También había conocido los modelos de personas que yo no quería ser: no quería ser pedante y condescendiente como el señor Collins, ni autoritaria como Lady Catherine, ni insensata y egoísta como Lydia, ni manipulable como Charles Bingley… porque incluso en los personajes más positivos de Jane Austen se pueden encontrar defectos. Orgullo y Prejuicio tenia un abanico de tales personalidades que se podía decir que para mí representaba la comedia de la vida condensada en 200 páginas. Yo entendí la vida a partir de ese día porque la vida existía en ese libro. Jane Austen es capaz de captar lo mejor y lo peor del alma humana como pude descubrir más tarde leyendo sus otras novelas. Para mi sus novelas fueron, y siguen siendo, la mejor escuela de la vida, la más exquisita educación que uno puede recibir para convertirse en un verdadero ser humano. 

El día en que leí Orgullo y prejuicio fue el inicio de esa educación que tan sutilmente nos imparte Jane Austen. Una educación donde la sinceridad y la cortesía no son incompatibles, donde la reina de la fiesta no es necesariamente la mejor persona, donde ser capaz de ver defectos de las personas y reírnos de ellos no nos convierte en seres abominables siempre que seamos capaces de ver nuestros propios defectos y de reírnos de ellos.  

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De este fin de semana también salí obsesionada por Jane Austen, sus novelas y sus personajes, su estilo. Esto es algo de lo que jamás me he curado. Por suerte con los años he ido descubriendo que esta enfermedad la compartían muchas otras personas y que a estas personas (como a mi) les encanta compartir y desarrollar los detalles de nuestros síntomas.

Así que habréis entendido porque ese fin de semana fue tan crucial para mi. Lo es porque el día en que leí Orgullo y Prejuicio descubrí lo que quería ser de mayor. Yo quería ser austenita.

Imagen relacionada

Por Neus Baras

Un saludo

@M_A_JORDAN