SON JÓVENES, PERO NO SON TONTOS

Hace unos años coincidí en la Feria del Libro de Valencia con un escritor español que ha vendido cientos de miles de ejemplares de sus obras. En los pocos minutos que pudimos charlar, antes de que cada uno se fuera a su caseta a atender a los lectores, comentamos algunos asuntos de nuestros trabajos y, cuando le dije que me dedico a la literatura juvenil, me contestó: “yo me veo incapaz de escribir para jóvenes”. A lo que obviamente le respondí que yo me veía incapaz de escribir novelas tan exitosas como las suyas.

Esto no deja de ser una anécdota, pero me sirve para introducir el tema que quería proponeros hoy. ¿Qué características debe tener un libro juvenil? Yo voy a decir unas cuantas, pero seguro que paso cosas por alto, así que agradeceré vuestros comentarios.

En primer lugar, vamos a centrarnos. No es lo mismo literatura infantil que juvenil. No es que una sea mejor que la otra. Simplemente se dirigen a públicos diferentes, por lo que hay algunas variaciones importantes. La literatura juvenil suele estar orientada a lectores de 11 a 18 años… aproximadamente. Dentro de este arco, puede haber divisiones y se podría incluir a gente algo mayor o menor, pero nos sirve de referencia.

Teniendo este público en mente, ¿cómo pensáis que deben ser las novelas?

Respuesta: depende.

Cierto, hay muchos factores que influyen. Así que trataré de que mis ideas sean generales para que se puedan aplicar a obras distintas.

  1. Lenguaje apropiado: esto no significa que tengas que hablar en plan “superenrollao” “megaguay” “to’ cool” 😛 . Por varios motivos; queda postizo, pasa de moda antes de que te des cuenta, y tu escritura perderá calidad. Al decir lenguaje apropiado me refiero a un vocabulario que resulte asequible y cercano a los jóvenes. Lo contrario no solo les dificultará la lectura, sino que también les provocará rechazo.
  2. Personajes atractivos: otra vez comenzaré aclarando posibles malentendidos. No me refiero a que tus protagonistas tengan que ser supermodelos. Lo que quiero decir es que tenemos que intentar que nuestros lectores conecten enseguida con esos personajes y quieran saber lo que les va a pasar.
  3. Interesante desde el principio: los libros tienen sus ritmos y no todos pueden comenzar de un modo trepidante. Pero sí que podemos dar algunas pistas, abrir puertas y tender puentes (no son imágenes sin más, todo esto tiene sentido, te lo aseguro 😉 ) desde las primeras páginas. De ese modo, lograremos que nuestros lectores quieran seguir leyendo.
  4. Ritmo ágil: ágil no es sinónimo de acelerado. Una obra puede ser pausada pero ágil. Es decir, la acción fluye y no se estanca. No nos detenemos en asuntos intrascendentes, ni descendemos a detalles que no aportan nada. Una cosa lleva a la otra, sin prisa pero… Bingo, tú lo has dicho 🙂
  5. Credibilidad: de acuerdo, estás escribiendo para jóvenes, pero eso no significa que puedas introducir cosas que no vienen a cuento o dar saltos inexplicables sin que ellos lo noten. Tu historia debe ser coherente y creíble. Aunque sea de fantasía. Harry Potter no existe, ni Hogwarts tampoco, pero todo en su mundo obedece a las reglas que estableció su creadora.
  6. Cercanía: si los lectores se sienten identificados con algunos elementos de la obra, será más fácil que les interese. Pueden ser los personajes, el escenario, la trama, alguna anécdota… No te apartes demasiado del mundo real. Busca puntos de conexión con el público joven.
  7. Mantén el registro y el tono: como hemos dicho al principio, dentro del sector juvenil se podrían establecer subdivisiones. No es lo mismo un lector de 12 años que otro de 17, ¿verdad? Un peligro de estas diferencias es que queramos escribir libros que gusten a todos y, para lograrlo, introduzcamos elementos específicos de una u otra edad: bromas más infantiles junto a romances más serios… Para que eso no chirríe, debes tener muchos detalles en cuenta y establecer fronteras claras. Así que, si no quieres arriesgar, mantén el tono que hayas elegido durante toda la obra. Eso no reduce tu posible público, ya lo verás.

Paso ahora a comentar algunos asuntos relacionados con esto, pero de otro tipo.

Como estamos dirigiéndonos a un público joven, que todavía necesita más conocimientos y experiencias para forjar su carácter y adquirir criterio, los escritores de este género tenemos ciertas responsabilidades que debemos tener en cuenta.

Yo creo que es recomendable transmitir valores positivos en las obras juveniles, aunque hay que tener cuidado para que al hacerlo no pierda frescura. No se trata tanto de dar lecciones como de ofrecer modelos de conducta, destacar las ventajas de ciertas actitudes y los peligros de otras.

No me parece apropiado que dentro de este género se confunda a los lectores mostrándoles como gratificantes o atractivas conductas que les perjudicarán. Desde mi punto de vista, creo que por lo menos tendremos que mostrar los posibles riesgos de esas actuaciones. Lo sé, estoy hablando en general pero seguro que si le das un par de vueltas encuentras aplicaciones concretas.

Estoy en contra del éxito fácil cuando se busca apelando a los instintos más primarios del ser humano. No me parece bien que se exhiba a una artista, dejando al lado la calidad de sus habilidades, para llamar la atención del público solo por su físico. Creo que es rebajar el arte. Pienso que una película que utiliza la pornografía como reclamo está mostrando sus carencias fílmicas. Y, del mismo modo, opino que un libro juvenil que confunda o entremezcle lo romántico con lo erótico o pornográfico está haciendo un flaco favor a esos jóvenes. Seguramente venderá más, pero el dinero no lo justifica todo. Para mí, no.

Pero, volviendo al principio… No es fácil captar la atención de los jóvenes, menos aún de los niños. Y, además, son un público muy exigente porque en muchos casos, tendrán menos reparos a la hora de abandonar la lectura si no les convence. Eso sí, si les gusta lo que escribes, la satisfacción será enorme.

Los niños no engañan con sus gustos, los jóvenes, tampoco. Pero yo creo que los que escribimos literatura juvenil estamos encantados de aceptar ese reto, ¿verdad?

Para terminar os pongo un vídeo que me hizo mucha gracia y tiene cierta relación con estos últimos párrafos. Está en inglés, pero no hay problema porque la parte fundamental se entiende gracias a los gestos. Os pongo en situación:

En un programa de televisión americano, invitaron a los padres a que les dijeran a sus hijos que se habían comido sus golosinas de Halloween “Halloween candies” para ver las reacciones de los pequeños… No tienen desperdicio 😛

 

Un saludo

@M_A_JORDAN

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