LA TIMIDEZ PUEDE SER UNA GRAN VIRTUD

-A juzgar por su manera de hablar –dije-, usted también debe ser un buen escritor.

-Los charlatanes nunca escriben. Sólo hablan y hablan.

La librería ambulante. Christopher Morley

¿Eres tímido? No hace falta que se trate de una timidez paralizante, que te dificulte la relación con la gente que te rodea. Repito la pregunta, ¿eres tímido? Voy a hacer una pequeña lista de manifestaciones de timidez para que te resulte más fácil responder.

Si eres tímido…:

-Te resulta incómodo hablar en público.

-Te sientes algo cohibido en presencia de gente que no conoces.

-Prefieres permanecer en un segundo plano y no ser quien lleve el peso de la conversación.

-Cuando hablas, tiendes a que tus intervenciones sean breves para no acaparar demasiado la atención de los demás.

-Te cuesta llevar la iniciativa cuando te presentan a alguien.

¿Cómo ha ido? Ya ves que no se trata de cosas raras ni extraordinarias. Yo creo que casi todos tenemos cierto grado de timidez, aunque puede ocurrir que, con el tiempo, la vayamos dominando o superando.

No voy a hablar sobre el carácter, cuánto se debe a la genética, cuánto al entorno, etc. Ni soy experto, ni es la finalidad de esta entrada. Aquí me voy a centrar en la relación entre timidez y escritura desde mi punto de vista. Aunque en realidad ser introvertido y tímido no es exactamente lo mismo, aquí utilizaré el segundo término para hablar de las dos cosas. Esta no es una entrada “científica” sino una reflexión que espero que os interese 🙂

Todos tenemos muchas cosas qué decir. Más de las que creemos. Cada persona es un mundo repleto de sueños, sentimientos, ideas, proyectos,  experiencias… Ese mundo se enriquece con la reflexión. Los tiempos de silencio, en los que elaboramos nuestras ideas, examinamos nuestra actitud, valoramos las opiniones de los demás, etc. nos ayudan a forjar nuestra personalidad, a configurar nuestro modo de pensar, a fundamentar los principios sobre los que basamos nuestra vida. Si no hay silencio y reflexión, posiblemente nos limitemos a vivir por inercia. Y eso acaba pasando factura antes o después.

Hay personas que hablan sin parar. Se podría decir que sienten la necesidad de retransmitir sus pensamientos y sus vivencias. A veces, son tan profundas e inteligentes que todo lo que dicen tiene sentido y es interesante. Sin embargo, no es raro que los que hablan mucho terminen agotando a su audiencia. Sobre todo porque cuando se habla no se escucha. Y estar mucho tiempo con alguien que emite pero no recibe suele hastiar. También están los que no abren la boca más que para comer. Por más que les preguntas solo pronuncian monosílabos y parece que hasta esa tarea les resulte costosa. La consecuencia suele ser que la gente huye de su compañía porque se producen silencios embarazosos o simplemente es aburrido.

Pero, además de otros muchos casos dentro de este amplio abanico de conductas, con cierta frecuencia encontraremos personas cuyos silencios no repelen sino todo lo contrario. Me refiero a aquellas personas algo tímidas, que no se esfuerzan para defender su porcentaje de tiempo en una conversación, que pueden parecer ajenas a lo que se dice, aunque no es así, y que casi pasan inadvertidas dentro de un grupo. Sin embargo, cuando se habla con ellas a solas, o en compañía de gente entre la que se sienten cómodas, esas mismas personas silenciosas no dudan en hablar con soltura y mostrar sus sentimientos. Quizá cueste algo de tiempo y esfuerzo ganarse su confianza, pero cuando se logra desparece la rigidez en el trato o la actitud reservada, al menos en parte.

Ese tipo de personas, bastante frecuente en cualquier parte, goza habitualmente del respeto y la estima de muchos de sus compañeros, ya que suelen evitar las polémicas, casi nunca ofenden a nadie con bromas pesadas y, lo más importante, saben escuchar. Sus comentarios tienden a ser acertados y valorados como tales por los que les escuchan. Y, cuando vencen su timidez y se hacen oír ante un grupo numeroso, el hecho de que se trate de algo poco frecuente e incómodo para esos involuntarios protagonistas hace que los demás los escuchen con más interés.

Los ratos de silencio, de escucha atenta, de reflexión, de lectura (no es raro que sean grandes lectores) han enriquecido su mundo interior y, por eso, tienen mucho más que aportar que aquellos que solo viven hacia afuera. Y por eso, tampoco es raro que entre esas personas haya bastantes con afición por la escritura. Porque, al fin y al cabo, todos necesitamos comunicarnos, compartir nuestra vida, abrir nuestra mente y dar vida a nuestras ideas e ilusiones. Podemos hacerlo de palabra pero, para eso, tenemos que vencer la natural reserva a mostrar nuestra intimidad y, más importante aún, tenemos que gozar de la confianza de alguien que sepa valorar todo eso que compartimos y que nos escuche sin impaciencias. ¿Conoces a ese alguien? Genial. Cuida esa amistad y no permitas que nada la estropee. Pero, independientemente de que sea así, no es raro que no nos baste y elijamos otro modo de comunicación: la escritura.

Cuando escribimos, no tenemos miedo de estar robándole tiempo a nadie, o de aburrirle o cansarle. Quien quiera leernos, que nos lea. Y el que no, que no lo haga. Podemos plasmar nuestra imaginación con todo lujo de detalles. Dar rienda suelta a nuestra creatividad. Expresar emociones -propias o ajenas-, analizar actitudes, contrastar puntos de vista… Dar vida a ese mundo interior que todos tenemos y debemos alimentar. Porque sin interioridad somos cuerpos sin alma.

¿Eres tímido? Pues no sabes la suerte que tienes. Porque esa timidez, bien orientada y moderada, te facilitará el cultivo de esa interioridad. Tu tendencia al silencio, siempre que no te aísle de los que te rodean, afinará tu percepción. Además, hace más falta gente que escuche que gente que hable. ¿Eres tímido? Aprovecha ese regalo de la naturaleza y pon tu creatividad al servicio de los demás. No dejes que tu mundo sea solo para ti. Busca el modo de compartirlo con los que te rodean. Seguro que hay muchas cosas en él que les gustarán y les servirán de ayuda. ¿Eres tímido? Cumples uno de los requisitos para llegar a ser un buen escritor; por algo se empieza 😉

A continuación os pongo una charla que os puede resultar interesante. A mí me gustó mucho. Está en inglés, pero hay subtítulos en castellano para quien los necesite 😛

 

CUESTIÓN DE ARTE

Hola a todos.

En la entrada de hoy, quiero presentaros y dar la bienvenida a la última escritora que se ha unido a la lista de blogs colaboradores de esta página. Su nombre es Julia Alcázar y administra el espacio “CUESTIÓN DE ARTE”. Y ARTE así, con mayúsculas, porque Julia no solo escribe sino que también dibuja. Durante este mes de octubre está teniendo lugar una exposición de sus trabajos en el Café del Viajero de Málaga. Así que, si os queda cerca y tenéis la posibilidad de pasar por allí, no lo dudéis 😉

Tras esta breve introducción, voy a dejaros con las palabras de Julie, no sin antes recomendaros, de nuevo, que paséis por su página para conocer sus escritos.

Diario de

No soportaba la idea de una despedida, pero cuando se forzaba a imaginarla, en un día de lluvia, con su álbum de fotos, la suponía triste y melancólica, como ya había sido la primera y última vez entre ellos.

Se marchó después de dieciochos días enamorados, recorriendo calles sorprendentemente interminables, visitando lugares insólitos, riendo en cada esquina, en cada boca de metro. Admirándose, mirando de un lado a otro, para enamorarse aún más. Disfrutando del sol que los iluminaba en cada paseo, divirtiéndose en las noches con luces de colores y escaleras rojas. Sonriendo otra vez, en cada amanecer. Inmensamente felices de estar juntos.

Un amor que arrasaba con todo. Una historia acelerada y caótica, sin paciencia. Una ansiedad contenida por ver más allá de los enormes edificios.

¡¡MUCHAS GRACIAS A JULIA POR SU COLABORACIÓN!!

Un saludo

@M_A_JORDAN

¿TE ATREVES CON ESTE JURADO?

Hola a todos.

El pasado viernes recibí un mail que me hizo mucha ilusión, porque la idea que me contaba su autora me pareció fantástica. De hecho -no es por echarme flores-, se me había ocurrido alguna vez, pero en plan “estaría bien…”, es decir, ese tipo de pensamiento que se queda en nada. Pero, mira tú por dónde, resulta que ha habido alguien que sí lo ha hecho. ¿De qué se trata? Te cuento.

¿Cuál es el público principal de los libros juveniles? LOS JÓVENES. Elemental, mi querido Watson 😉 . Ya… Entonces, ¿por qué el jurado de esos premios suele estar formado por gente que ya no es tan joven? 😛 Lo sé, hay razones para ello, pero… ¡A que sería genial que hubiera un concurso literario juvenil en el que los jueces fueran esos lectores a los que nos dirigimos los autores de este género! Pues estamos de suerte, porque ya existe.

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Como podéis leer en la noticia que publicó el Diario de León:

El premio, al que puede optar cualquier autor que escriba en español, está destinado a un público infantil y juvenil, de en torno a 12-13 años, y los miembros de su jurado han sido elegido entre alumnos de centros de educación leoneses de esa misma edad. «Nos preguntábamos por qué podía pasar eso —proseguía una de sus organizadoras, que de momento prefieren mantener el anonimato— y al final llegamos al convencimiento de que la explicación es que en el mundo de la literatura infantil y juvenil no se pregunta a los niños lo que les gusta leer…». «Los escritores son adultos y los miembros de los jurados también, entonces, ¿se escribe lo que les gusta a los niños o lo que creen los adultos que les gusta a los niños? —reflexionó—. Pienso que una forma de conocer su opinión es dejando que sean ellos mismos quienes elijan lo que prefieren, que valoren lo que les gusta y descarten lo que no, porque su criterio es transparente y está alejado de los criterios editoriales de ventas, otro punto clave en lo que las editoriales publican.

Desde aquí queremos dar la enhorabuena a los organizadores y desear mucha suerte a todos los participantes. Espero que sean muchos los que se animen a presentar algún trabajo.

Un saludo

@M_A_JORDAN

TALLER DE CUENTOS: LAS TRES TORONJAS

Hola a todo.

Hoy toca cederle la palabra a una de las colaboradoras del blog. Bueno, en realidad el mérito es de su abuela, que es la que contaba el cuento 🙂 , pero ella lo ha recogido en su página y yo lo difundo desde aquí.

Si os gustan los relatos breves, os animo a pasaros por el taller de cuentos de Lourdes García Trigo. Seguro que no os defrauda.

Vamos allá.

Las tres toronjas


Nos metían en la cama apenas el sol se había despedido. Las tres en la misma habitación. Llegaba ella.

Resultado de imagen de TORONJAÉrase una vez un rey que salió de cacería. Al caer la tarde, se separó de sus caballeros y se perdió. En medio del bosque encontró un árbol gigante con toronjas y, como tenía muchísima sed, cogió una y la abrió. De ella salió una niña, toda vestida de rosa: los zapatitos rosas, –señalaba sus zapatillas– los calcetines rosas, el vestidito rosa y el lacito rosa -se tocaba el pelo-. El rey la vio tan guapa que le dijo:

–¡Ay! ¡Pero qué niña tan linda! ¿No querrías venirte conmigo a mi palacio, y yo te casaría con el príncipe, mi hijo?

Y la niña le respondió:

–Yo me iría, pero llevo mucho tiempo dentro de la toronja. –todas asentíamos, comprendiendo a la pobre niña– ¿Tienes agua?

–No… si he cogido la toronja porque tenía sed…

–¿Y tienes pan?

–Tampoco…

–¿Y tienes vino?

–Menos…

–Pues entonces, ¡a mi toronjita me vuelvo!

Y desapareció.

A las semanas, el rey volvió a salir de cacería, pero ya no se acordaba de la niña de la
toronja, así que olvidó preparar el agua, el pan y el vino. En el bosque, de nuevo, se separó de sus caballeros -ninguna pensábamos en lo torpe que era el rey, que se perdía dos veces de la misma manera– y llegó al árbol de las toronjas. Cogió una y la abrió. De ella salió una niña vestida entera de azul: los zapatitos azules, los calcetines azules, el vestido azul –Resultado de imagen de REY CABALLOseñalaba su bata- y el lazo azul. Al verla, el rey exclamó:

–¡Ay! ¡Qué niña tan guapa! ¿No querrías venirte conmigo a mi palacio, y yo te casaría con el príncipe, mi hijo?

Y la niña le respondió:

–Yo me iría, pero llevo mucho tiempo dentro de la toronja. ¿Tienes agua?

–¡Ay! No, que me la he olvidado en el castillo…

–¿Y tienes pan?

–Tampoco…

–¿Y tienes vino?

–Menos…

–Pues entonces, ¡a mi toronjita me vuelvo! –reíamos ante el gesto desenvuelto de ella, simulando que volvía a entrar en la fruta.

Y desapareció.

El rey se prometió a sí mismo que no dejaría más a la niña en el bosque. La noche antes de salir preparó en su alforja una jarra de agua, una botella de vino y una hogaza de pan recién hecha. Y al amanecer salió en busca del árbol. Allí, cogió una toronja y la abrió. De ella salió una niña vestida entera de blanco: los zapatitos blancos, los calcetines blancos, el vestido blanco y el lazo blanco. Cuando el rey la vio, le dijo:

–¡Qué niña tan guapa! ¿No querrías venirte conmigo a mi palacio, y yo te casaría con el príncipe, mi hijo?

Y la niña le respondió:

–Yo me iría, pero llevo mucho tiempo dentro de la toronja. ¿Tienes agua?

–Sí.

Y la niña se bebió la jarra de agua.

–¿Y tienes pan?

–Sí.

Y la niña se comió todo el pan.

–¿Y tienes vino?

–Sí. –Y aquí ella añadía: pero sólo un taponcito, que eres muy pequeña. 

Y la niña se tomó un vasito de vino.

Entonces el rey la montó en su caballo y salieron del bosque. Al llegar a una aldea, el rey se detuvo, y le dijo a la niña:

Resultado de imagen de carroza cuento–Espérame aquí, que voy a ir a mi palacio para recogerte en una carroza, que no está bien que la futura princesa se presente así en la corte-. Asentíamos. Una princesa no puede
llegar despeinada sobre un caballo. En el coche podría arreglarse y aparecería guapa ante su futuro esposo. 

La niña se sentó en una fuente a esperar. En esto, llegó una criadita con un cántaro. Cuando se asomó para llenarlo, vio el reflejo de la niña en el agua y, creyéndose que era el suyo, exclamó:

–¡Pero qué linda soy! ¡Y qué piel más blanca tengo! ¿Y yo tan blanca y tan linda voy a ir a por agua a la fuente? ¡Rómpete cantarito!-. Reíamos. La pobre, no se daba cuenta de nada, pero como estaba dentro del cuento no la podíamos avisar.

Y lo estrelló contra el suelo.

Al llegar a su casa le explicó a la señora que se había tropezado y que, al caer, rompió el cántaro Pero la señora se enfadó mucho.

–¡Llévate otro! ¡Y que sea el último!

La criada volvió a la fuente y de nuevo vio el reflejo de la niña.

-¡Pero qué linda soy! ¡Y qué piel más blanca tengo! ¿Y yo tan blanca y tan linda voy a ir a por agua a la fuente? ¡Pues rómpete cantarito!

La niña, que había visto todo desde el principio, no pudo aguantar más y se echó a reír. La criadita levantó la mirada.

–¡Ay! ¡Pero si eres tú! Y yo que creía que era mi reflejo… Y como vuelva sin el cántaro mi señora me va a pegar… ¡Ay!

Y se echó a llorar. La niña, que era muy buena, la abrazó y le dijo:

–Vamos, no te preocupes. El rey va a venir a recogerme en su carruaje y me va a llevar a su palacio con su hijo. Vente conmigo, y no tienes que preocuparte por tu señora.

Las dos se hicieron amigas en seguida. Cuando volvió el rey con su carroza, las llevó al castillo.

Pasaron los días, y el príncipe, la criada y la niña se hicieron muy amigos. Un día, cuando hablaban en el jardín, se acercó una bruja disfrazada de vendedora. Llevaba alfileres, peinetas, lazos de mil colores… A la niña le gustó una diadema y la bruja se ofreció a peinarla. Cuando estaba distraída, sacó un alfiler negro del bolsillo y se lo clavó en la cabeza. La niña se convirtió en paloma y se escapó volando.

Todos, en el castillo, estaban tristes, sobre todo el príncipe, que se había enamorado de ella y quería casarse. El rey, que quería mucho a la niña, se asomaba todas las tardes al balcón, a ver si volvía. Un día, se le posó una paloma en las rodillas. En la cabeza tenía una mancha negra.

–¡Huy! ¿Qué es esto?-. Acariciaba a la paloma imaginaria y tocaba la mancha negra, pequeñita, redonda. Sacaba la mancha. La mirábamos, expectantes. 

¡La paloma se convirtió en niña!- ¡Oh! Aplaudíamos.

En el castillo se celebró una fiesta y el príncipe se casó con ella. Y vivieron todos felices y comieron perdices.

Y colorín colorado, –daba una palmada– este cuento se ha acabado.

Ala, ¡a dormir!

MUCHAS GRACIAS A LOURDES POR SU COLABORACIÓN.

Un saludo

@M_A_JORDAN