ESCRIBIR

Hola a todos.

Hace un par de entradas os conté que me habían invitado a participar como en un jurado en un certamen de microrrelatos, que incluía una mesa redonda sobre “literatura y solidaridad”. Todo esto tuvo  lugar ayer… ¡Y fue genial! 🙂

Los autores de los microrrelatos leyeron sus obras delante del público y del jurado… Fue una bonita experiencia, escuchar a jóvenes dando vida a sus escritos, marcando los tiempos e impregnando cada palabra de personalidad. Como es lógico, unos lo hicieron mejor que otros y algunos relatos destacaban por encima de los demás. Pero todos los participantes demostraron su valía y potencial. Desde aquí mi enhorabuena y mis mejores deseos en el mundo de la escritura.

Esta jornada tuvo un aliciente especial para mí, ya que me brindó la oportunidad de volver a coincidir con Lourdes García Trigo. Una joven escritora a la que conocí hace unos meses, y con la que comparto la ilusión de poder desarrollar un proyecto de promoción de las letras para jóvenes durante los próximos meses, años…

Y, aprovechando que ayer reflexionamos junto a los asistentes sobre diversos aspectos de la creación literaria, he rescatado un breve texto que Lourdes escribió hace ya diez años (si ahora es joven, entonces lo era aún más 😉 ) y con el que creo que muchos nos sentimos identificados.

ESCRIBIR

Hay días en los que parece que todas las ideas vienen de golpe a tu mente. Todo lo que ves te parece digno de inmortalizarlo en el papel, desde la primera noticia del periódico, hasta la utilidad del secador del pelo, pasando por la frase que siempre repite, a modo de muletilla, tu mejor amiga, o el nuevo color del pelo de tu vecina. Y todo el tiempo del que dispones te parece poco para poder grabar el universo con tinta.

    Pero hay otros días que…, en fin…, nada. Nada es la mejor palabra para expresarlo. Te sientas después de desayunar frente al papel en blanco, con la pluma en el aire. Miras por la ventana y te parece el mismo paisaje de siempre. Y vuelves fijar tu vista en el papel que, efectivamente, sigue en blanco. Con un suspiro lo apartas y abres tu diario. “Algo tendré que contar” piensas. Pero nada (vuelvo a utilizar aquí la palabra nada). Hoy no te ha pasado nada excepcional. Te has levantado, has desayunado…, y te has sentado en la silla en la que llevas ya cerca de una hora.

    Definitivamente te levantas y te das un paseo por tu casa. Ves a tu hermana estudiando, a la pequeña enredada en sus juegos…, se oye a tu vecino correr detrás de una pelota… Vuelves a tu mesa y, después de mirar por enésima vez el eterno papel en blanco, suspiras y te encoges de hombros. “¿Qué se le va a hacer?, ¡hoy no es mi día!”

    Me preguntarán, y con razón, para qué escribo esto. Y yo les respondo que hoy es uno de esos días en los que no se me ocurre nada..

Un saludo

@M_A_JORDAN

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