PERSONAS

Hola.

Hoy tengo el placer de presentaros a una nueva colaboradora de este blog para escritores principiantes… ¡Qué importante es no dejar de sentirse un “principiante”! ¿No creéis? Pero, volviendo a esta colaboradora, os diré que su nombre es Candela y que administra una página muy sugerente y atractiva titulada “el odio es para los que se aman”.

Sin títuloY de ese interesante espacio he seleccionado un escrito que os ofrezco a continuación:

Personas.

Paso todas las mañanas por la misma calle. Todas las mañanas me encuentro con la misma sonrisa saludándome y dándome los buenos días. 
Es una sonrisa apagada, de esas que se nota que han pasado por mucho y que están algo desgastadas. Y a la vez, es una de las más amables y sinceras que haya recibido nunca.
A pesar de lo cálida que es esa sonrisa, suele pasar desapercibida. Lo que es peor, muy pocas veces la he visto ser devuelta a pesar de merecerlo.
Es una sonrisa poco valorada. Y yo valoro poco a los que no saben lo que cuesta ese mismo gesto.
El hombre que las regala es un hombre mayor; no anciano, pero mayor. Siempre está situado en el mismo banco de la esquina de Correos. Lleva siempre su vieja guitarra española con él, al igual que las melodías que no se separan de sus dedos y de su voz. 
Suelo pararme siempre un rato a escucharlo tocar y cantar. Me fascina como mueve los dedos por las cuerdas de la guitarra, a una velocidad con la que yo no puedo ni soñar. Y me encanta cada uno de los acordes que hace salir de ellas, como si nunca los hubiera oído antes. 
A la vez que reparo en esos detalles, me fijo en la gente que pasa. Muy pocos prestan atención, muy pocos escuchan con el corazón. Muy pocos miran a los ojos a quienes consideran diferente. Nadie presta atención a alguien que lo ha perdido todo.
Sus canciones, de puño y letra, hablan de toda su vida, de cada una de las cosas que le hicieron sentir que estaba vivo, y de todas las cosas que le hacen sentirse triste en la actualidad. Haber perdido su casa, su familia, su trabajo, su vida, sus ilusiones…
Un viernes al salir de clase, seguía tocando en su banco. Me acerqué a él, dejando un par de monedas en su sombrero, como solía hacer. Esperé hasta que dejó de tocar, y me dispuse a decirle lo mucho que valoraba su música y sus letras, a decirle que me emocionaba cada uno de sus acordes. 
Pero se me adelantó. 
Me dijo que agradecía cada una de las veces que me paraba frente a él a escucharlo tocar, que con eso ya sentía que merecía la pena. Que se daba cuenta enseguida de cuando alguien valoraba y sentía el arte.
En ese momento creí que me echaría a llorar.
Es lo que tienen las personas que lo han perdido todo. Que te entregan cuento tienen sin siquiera darse cuenta. Que se sienten aliviados cuando alguien  tiene un gesto, por pequeño que sea con ellos.
Y me sonrió. Como siempre hacía al verme pasar. Como si de alguna forma, yo estuviera haciendo algo por él. Cuando en realidad, era él el que me inspiraba a mi.
Me sentí viva.
Y renegué de todas las personas que negaban una segunda oportunidad.
Todos deberíamos tener una

Muchas gracias a Candela por su colaboración.

Un saludo

@M_A_JORDAN

 

 

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