DEDICADO A JANE AUSTEN

Hola a tod@s.

Como se indica en el título de esta entrada, hoy quiero hablar de mi escritora favorita.

Supongo que la mayoría de los que visitáis este espacio habréis leído alguna de sus obras, visto alguna de las adaptaciones al cine o a la televisión de sus novelas, o, por lo menos, habréis oído hablar de títulos tan sugerentes como “Orgullo y prejuicio” o “Sentido y sensibilidad”. ¿Me equivoco? Bueno, pues incluso en el caso de que no tengas ni idea de quién es Jane Austen, te invito a compartir estas líneas conmigo.

Por motivos profesionales, llevo varios meses estudiando las obras de esta autora y tengo previsto dedicar muchísimo tiempo a profundizar en sus novelas, ya que -D.m.- elaboraré una tesis doctoral sobre algunos aspectos de su escritura. Sin embargo, en esta entrada no voy a hablar como estudioso sino como fan 😛

Basta con poner su nombre en GOOGLE para comprobar la grandísima relevancia que esta joven escritora sigue teniendo a día de hoy:

Sin título

 

Y no estamos hablando solo de páginas de expertos en literatura, críticos, historiadores… No, para nada. La mayor parte de las webs sobre Jane Austen están administradas por lectores (casi sería mejor decir lectoras) entusiastas, que quieren rendir homenaje a una artista que les ha transportado a épocas y lugares distintos, logrando que se infiltraran en sus historias como unos personajes más.

Pero, ¿qué tienen Jane Austen y sus obras para lograr semejante éxito?

Primero quiero abordar el típico cliché que muchos tienen, y que provoca que su percepción de esta autora sea completamente erróneo.

“Jane Austen es la autora de varias novelas románticas…”

¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!

Lo siento, pero has fallado. Puedes volver a intentarlo 😉

No tengo nada contra las novelas románticas, al contrario, ha habido algunas que me han gustado mucho y, de hecho, tengo un par de obras que más o menos podrían clasificarse dentro de ese genero, pero… Es importante poner cada cosa en su sitio para no llevarse decepciones.

¿Qué entendemos por novela romántica, o rosa, como también se le llama? Te pongo la definición de RAE:

Variedad de relato novelesco, cultivado en época moderna, con personajes y ambientes muy convencionales, en el cual se narran las vicisitudes de dos enamorados, cuyo amor triunfa frente a la adversidad.

Aunque es comprensible que haya gente que tenga este “prejuicio” sobre las obras de Jane Austen, debido a algunas versiones cinematográficas, o a un conocimiento muy superficial de sus argumentos, en mi opinión, el adjetivo “romántica” y más aún “rosa” se queda muy corto para definir cualquier novela de esta autora.

Seguramente habrá quien opine que las obras de J.A. cumplen los requisitos de ambientes muy convencionales (…) vicisitudes de dos enamorados, cuyo amor triunfa frente a la adversidad. Y en muchos casos es cierto. Pero la cuestión radica en que ese ambiente, ese amor y esa adversidad no son el único ni el principal tema que se aborda en esas novelas. Por eso, más que decir que las obras de Jane Austen son románticas, yo diría que en estas novelas podemos encontrar varias historias, entre ellas una en la que dos personas se enamoran. Pero, en realidad, ese romance es casi una excusa para ofrecernos una gran variedad de actitudes, personajes, opiniones, convencionalismos y crítica social, sazonado con una mirada irónica y sarcástica, y con un agudo sentido del humor, que golpea al lector y provoca su sorpresa, cuando no su carcajada.

Dicho esto (que no es más que mi opinión), volvamos a la cuestión principal:

¿qué tienen Jane Austen y sus obras para lograr semejante éxito? 

Sin ánimo de ser exhaustivo…

Una pluma ágil, ingeniosa y cercana al lector.

Desde mi punto de vista, uno de los grandes aciertos de Jane Austen es su estilo nada rimbombante, ni pretencioso, que logra conectar con lectores muy distintos y despertar la simpatía del público desde las primeras páginas.

La ironía

Presente tanto en la voz del narrador como en la caracterización de los personajes, el tono irónico confiere a estas novelas un toque de humor y crítica social que divierte y hace pensar.

A modo de ejemplo, os pongo el inicio de “Pride and Prejudice”:

IT is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune must be in want of a wife.

(Es una verdad mundialmente reconocida que un hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita una esposa)

Conexión con el mundo real

En las novelas de Jane Austen se nos presentan escenas cotidianas de la vida familiar y social de su época. Aunque ya han pasado doscientos años desde la creación de estas obras, hay muchos elementos que son fácilmente adaptables a nuestra situación actual, y el lector no necesita realizar grandes esfuerzos para comprender el contexto.

Sentimientos y razonamientos “de carne y hueso”

En ocasiones, al leer algunas novelas, tenemos la impresión de que sus protagonistas son irreales o inalcanzables. Tanto su forma de ser como sus pensamientos se alejan de lo que estamos acostumbrados a experimentar. En el caso de Jane Austen eso no es así. Sus creaciones son el fruto de un natural observador, que se inspira en lo que vive y descubre en su entorno, para plasmarlo después con la maestría de un gran artista.

 Personajes entrañables

Si te encuentras con alguno de los muchos lectores de Jane Austen que deambulan por el mundo sin llamar la atención, lo más seguro es que ante la pregunta de “¿por qué te gusto tal o cual novela de esta autora?”, te contesten con un… “Me encantó este personaje, o aquel otro…”. Jane Austen nos presenta historias interesantes, pero sobre todo nos deleita con personajes irreemplazables. Elizabeth Bennet, Mr Darcy, las hermanas Dashwood, Mr Knightley… Por decir solo algunos nombres, ya que podría poner aquí todos y cada uno de sus protagonistas.

Y hablando de estos personajes… No son pocas las lectoras que han escogido a alguno de los caballeros de las novelas de J.A. como ideal de “hombre perfecto”. Puede que me equivoque, pero por lo que he visto por ahí parece que Mr. Darcy se lleva el primer premio en este “concurso”. Yo no voy a entrar en valoraciones sobre los caballeros porque no me veo capacitado, aunque si tuviera que escoger a alguno como “modelo” a seguir, reconozco que me inclino más por Mr. Knightley, sin que esto vaya en menoscabo de ninguno de los otros.

Ahora bien, si tuviera que elegir a la “dama ideal”, creo que optaría por un mix de casi todas las protagonistas: el carácter, determinación e ingenio de Lizzy Bennet, la vivacidad, entusiasmo y frescura de Emma Woodhouse.

Estas dos jóvenes son mis predilectas, pero serían aún más encantadoras sin contaran con la simplicidad y fantasía de Catherine Morland, el sentido común y la abnegación de Elinor Dashwood, el romanticismo -aunque algo menos exagerado- de su hermana Marianne, el sentido del deber de Fanny Price, y de Anne Elliot… Me temo que hace mucho que me leí Persuasion por lo que mis recuerdos son algo difusos. Le cedo el “honor” a quien desee aportar su granito de arena.

Podría seguir escribiendo sobre Jane Austen durante horas, y en esta ocasión no es una frase sin más; es un propósito que se hará realidad en los próximos meses. Pero como no quiero cansaros, lo dejo aquí y os invito a comprobar por vosotros mismos si mi entusiasmo por esta autora es o no exagerado.

Ya me contaréis.

Un saludo

@M_A_JORDAN

DULCE INTRODUCCIÓN AL CAOS

Hola a todos.

Hoy le toca el turno a uno de nuestros blogs colaboradores. En esta ocasión se trata de “La chica de los jueves”. Un bonito nombre para una página genial, que no dudo en recomendaros.

la chica de los jueves

Por lo pronto os dejo con sus palabras en esta…

DULCE INTRODUCCIÓN AL CAOS

“El miércoles caí en las redes de Perdona si te llamo amor, y estoy más quinceañera que nunca. Me planto, quiero un amor de película o que me dejen en paz. ¡Yo mediocridades no quiero ya!”

Amén, hermana.

Así sentenció mi mejor amiga nuestra conversación de hace un par de días. Creo que desde hace unos quince años tenemos charlas del mismo estilo, lo único que va cambiando es el tiempo y el espacio (y el amor a analizar).  Siempre hay alguna jugada que comentar, algún chico que criticar y más de un consejo que dar. Consejos que, entre otras cosas, no sirven de nada. Pero bueno, hay que darlos (y escucharlos para después ignorarlos).

Su comentario me hizo pensar en qué queremos de verdad las mujeres, en qué esperamos del amor.

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No sé vosotras, pero yo llevo varios días observando por la red el incremento desmesurado de artículos que proclaman el amor saludable, el amor racional. El amor “poco emocional“, el amor “poco romántico” (¿el amor poco romántico debería venerarse?) Dan consejos y pautas para que no caigamos en los clásicos tópicos que durante siglos nos han vuelto locos, sin voluntad propia, guiados por el sentimiento kamikaze que el amor nos genera. Nos dan las claves para apartar un poco los instintos y los pájaros de la cabeza. Que está bien, que no digo que no. Todos sabemos que un amor lógico y sensato es mejor para nuestra salud mental (y física), para nuestra nevera y nuestra tarjeta de crédito (y para miles de cosas más). Hasta ahí, todo claro. Pero no es justo. Es como si quisieran preparar(nos) un amor pre-cocinado, condimentado yespeciado, preparado para comer. Con sabor a plástico y a microondas. Es como si nos dijeran cómo elegir a nuestros amigos, quién nos debe caer bien y quién no. “Los diez pasos que debes seguir para socializar“. Seguro que dentro de nada, habrá alguna APP para ayudarnos a seleccionar mejor a quien nos arrimamos.

En mi opinión, es un error querer racionalizar lo irracional.

En mi opinión, todas queremos un amor de película.

Pero ya lo decían en Amêlie “son malos tiempos para los soñadores”.

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¿Acaso vamos a acabar realmente pidiendo perdón por llamar amor?

No creo, vaya. Pero la cosa está complicada.

A ver. Vayamos por partes.

Que me perdonen estos articulistas, columnistas, redactores/as, psicólogos/as y todos aquellos que hayan tratado el tema. Veréis, no les quito razón. Deberíamos amar más con la cabeza que con el corazón, o sencillamente, amar menos, o mejor. Deberíamoscentrarnos y no ir detrás de imposibles, arreglar nuestras taras psicológicas y pensar detenidamente de quién nos enamoramos, qué esperamos de una pareja y qué estamos dispuestos a aportar. Deberíamos medir más y lanzarnos menos a piscinas, más todavía si están vacías. Pero es que resulta que me he cansado de tanto cinismo, de tanta palabrería y de tanta gilipollez.

En 26 años de vida no he aprendido mucho sobre el tema. No soy una eminencia ni sé exactamente de qué hablo cuando hablo (o escribo) de amor. No sé si existen de verdad las medias naranjas (o las medias langostas), ni si es cierto que el enamoramiento dura como mucho dos años. No he realizado un estudio exhaustivo, no juego con datos ni estadísticas. Ni siquiera he tenido un amor como el de “Perdona si te llamo amor” (Así que si esperáis leer algo científico o escrito desde la razón, cerrad ya la ventana).

No sé gran cosa. La verdad.

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Alguien diría “todo lo que sé del amor se cuenta tomando un café”. Para los que escribimos, el tema del café es muy recurrente. En mi caso, si tuviera que ponerme a ello con una de esas frases trascendentales que te hacen parecer interesante, creo que simplemente diría“ven, siéntate que te cuente”, con cara de circunstancias y un gato en el regazo.

O tal vez diría que “todo lo que sé del amor se cuenta escribiendo un post“.

Sí, tal vez sea lo correcto. Porque es verdad, todo, lo mucho o poco que sé del amor lo aprendí escribiendo. Sí. Escribiendo. Escribiendo dos años de vida, dos años de historia y de vino añejo. Escribiendo estupideces románticas. Lo poco, lo muy poco que sé del amor, lo aprendí cuando aparqué el coche en el portal, cuando aparqué la sensatez y los prejuicios. Fue justo cuando aprendí que el amor no se busca, se encuentra. Que el amor no se elige, si no que te elige a ti.

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Lo poco que sé del amor, ven, siéntate que te cuente, lo aprendí de unos cuantos cuadros, de unas cuantas canciones, de unos cuantos libros y de unas cuantas películas. Lo aprendí a base de manías y defectos, de tostadas y de zumo de naranja. Lo aprendí de las madrugadas y las horas bajas, de los minutos que pasan y de las cosas que te sobran cuando tienes lo que te hace falta.

Lo poco que sé del amor es que es impredecible e imprevisible. Que te da sorpresas (y sustos). Que te lleva del cielo al infierno, y del infierno a un estado de letargo difícil de superar. Que te encierra y te encoge el corazón, y te cambia los apuntes y los esquemas.  Me dí cuenta que no es el cuándo, sino el cómo. Que no es el cómo, sino el quién. Que “A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante” (Oscar Wilde).

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Lo poquísimo que sé del amor es que no entiende de pautas ni de consejos, ni de medidas ni restricciones: es pura magia e intuición. De lo poco que he aprendido, sé que no puede ser entendido sólo con la cabeza, es imposible. Así que perdonadme por criticar estos artículos sobre racionalizar lo irracional. Disculpadme por negarme a ver la realidad de las ventajas de pensar con claridad.

Así que perdonad (o no) que venere el amor de película, pero es que lo poco que sé, es que el amor es locura, es pasar de nada a todo y de todo a nada: no tiene ni pies ni cabeza.

Es, sencillamente, una dulce introducción al caos.

Y perdonad que me ponga romántica.

A fin de cuentas, tampoco sé tanto sobre el amor.

Muchas gracias a La Chica de los Jueves por su colaboración.

Un saludo

@M_A_JORDAN