ALARGAR EL CAFÉ

Hola a todos.

Tengo pensado dedicar un post a una “tentación” que seguramente se nos presenta a muchos escritores en algún momento de nuestra carrera… Pero tendrá que esperar un poquito, porque este fin de semana he recibido un amabilísimo ofrecimiento de colaboración que no he querido retrasar.

Se trata del blog “la chica de los jueves” que ya ha entrado en la sección de colaboradores y del que os ofrezco una de sus muchas entradas interesantes.

Sin más preámbulos:

Alargar el café

 

Me ha tocado volver aquí, al lugar donde todo esto comenzó.

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Lo cierto es que sería injusto decir que empecé a escribir gracias a un día de Antique Café,  porque lo mío ya traía cola desde el colegio, cuando escribí un cuento sobre pulpos y otros seres marinos fantásticos que se lo pasaban pipa bajo el mar, y me regalaron un walkman (porque gané, eh!) de Todo a 100.

Red Velvet y café. Cuánto me gusta alargar los cafés. Y mucho más alargar una tarta de Red Velvet.

Noto que una chica me observa descaradamente mientras dejo caer en el suelo la mochila de piel y me recojo el pelo con cuatro horquillas que espero que hagan algún tipo de milagro. Creo que ya debe haber visto hasta el último pelo de ceja que me sobra, y hasta las migas rojas que me quedan entre los dientes. Por dios, odio a la gente que mira tanto. Sí, sé que mola repasar, pero mola más tener una vida propia, y hablar con quien tienes delante, ¿no?

Pasando de la cotilla, que hay que inspirarse.

Saco la agenda de París. Bonita agenda. Pocas cosas apuntadas, la verdad. Es la agendapostureo. Me tienta pasarme por Marzo, recuerdo que un día de esos apunté algo muy ñoño, muya lo Carrie. Pero soy una tía dura y me meto en Octubre de lleno, pensando en un viaje, una habitación y unos stilettos. Sé que no voy a ganar, pero nunca me rindo, siempre me seducen los concursos, hoy por hoy casi más que los hombres.

Mente en blanco. Cri Cri. He dicho…Cri….Cri…Y luego….Ah sí! Cri…Cri…Cri…

Grillos y más grillos.

Hasta que miro al fondo.

En ese momento habría pagado por llevar encima la cámara de fotos.

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En un sitio como Antique todo parece más bonito de lo que es. Eso es así. Aunque la verdad es que ellos dos me habrían parecido tiernos en cualquier otro lugar o contexto.

Debajo del gran espejo blanco vintage que tanto me recuerda al mío heredado, dos ancianos. Se miran con tanto amor que da envidia, envidia de la buena (mentira, la envidia buena no existe). No paran de hablar de sus cosas, se enseñan algo que el zoom de mi mirada no llega a distinguir, pero vete tú a saber, debe ser interesante. En ese momento me acuerdo de la chica que meescaneaba a mi llegada, y pienso para mis adentros que en el fondo, muy en el fondo, soy como ella.

Me pregunto en qué momento comenzaron a ser imprescindibles el uno para el otro.

Me pregunto en qué momento comenzó todo.

Y empiezo a escribir.

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-¿Qué estudias, con eso?

Levanto sobresaltada la mirada fija en la agenda-libreta-libro . Estaba tan absorbida  que ni me había dado cuenta de la presencia del anciano de pie enfrente de mí. Me mira con cariño, y señala con un gesto mi teléfono móvil.

-¿Estudiar? ¿Se refiere al móvil? Ahh! No, no…

Me acuerdo de mi abuela, y pienso en si ella también pensará que toqueteo tanto el móvil porque me enseña cosas o porque tengo profesores al otro lado del Wi-fi.

Noto que tengo las mejillas rojas y me siento incómoda, como si la vida me devolviera el golpe, ahora me sometía yo otra vez de nuevo al escrutinio. Miro alrededor y doy por hecho que su mujer está en el cuarto de baño. Me siento descubierta, como si hubiera estado urdiendo un plan secreto, una conspiración de las buenas para sacar su historia de amor a la luz. Qué tontería.

-¿Eres de por aquí?

-Sí, no vivo muy lejos…

Me sale de nuevo esa voz de niña buena, la que uso trabajando. Mi voz de cara al público.

-Qué guapa eres. Pareces jóven.

Y me mira con tanta dulzura que por primera vez en mi vida no reacciono a la defensiva ante un piropo. Creo que me mira como si le recordara a alguien. Quién sabe. Quizás a alguna nieta, o incluso a su mujer de jóven.

-Sí, tengo 25 años.

-Estás en lo mejor de la vida, disfrútala, se pasa volando.

Y así, sin más, se ha ido. Con su mujer del brazo.

Con una sonrisa serena en los labios, probablemente sin saber que me ha cambiado el día.

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Porque los días siempre pueden cambiar. Y suele ser de un minuto a otro, por algo imprevisto, por ancianos que se cruzan en tu café, o por partículas volátiles que hacen click en tu cerebro.

Porque sé que hay días que todo va en bucle. Sí, soy consciente de ello.

Que pocas veces tenemos lo que queremos. Que parece que nunca sea ni suficiente ni demasiado, que nunca sea el momento ni el lugar. Ni las personas adecuadas ni deseadas.

Que la comida no sabe igual, como cuando estás constipada. Que las cervezas no llevan suficiente graduación. Que los abrazos no traspasan lo suficiente. Que los besos pierden el valor porque se los lleva el viento, o porque damos tantos que nos olvidamos de distinguir cuáles son de verdad. Que a veces pesan las ojeras porque quieren descargar. Y que las horas de sueño no quitan que alguien falte en tu despertar.

Porque sé que hay nubes y nubarrones. Y gotas que calan. Y amores que matan.

Pero nunca, nunca dejéis de creer en el valor de los cafés y las tartas. Y de los videos viejos del Informal, y de las canciones de La casa Azul. Y de los capítulos que todos nos sabemos de memoria de Los Simpson . Y en Chandler y Joey. Y en las caídas ajenas. Esas siempre animan.

Porque siempre hay historias que vale la pena contar.

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Nunca dejéis de alargar el café, nunca sabéis dónde váis a encontrar una de las buenas, ni quién puede cambiar vuestro día.

Y recordad, disfrutad de la vida, se pasa volando.

Sed felices.

Un saludo

@M_A_JORDAN

ROMPIENDO CRISTALES

Hola a todos.

Hoy os ofrezco un escrito extraído del blog “Reflejos” y como no quiero estropearlo con mis palabras…

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A VECES UNO MISMO HA DE ROMPERSE EN MIL PEDACITOS.

Algún fragmento de mi es tan afín a mi cuerpo que se queda retenido,

pidiendo inesperadamente mi cariño. Pero son más los que viajan,

los que me abandonan a mi suerte para yo quedar vacía.

Sin embargo, es cuando aislada de esos cristales logro

verme a mi misma reflejada en mi verdadero espejo, que

no es más que mi alma sin disfraz alguno.

 

Y hoy confieso que necesito romperme en mil cristales, abandonarlo todo,

para luego volver. Es tan fuerte mi necesidad de hacerlo, que creo tener

el valor de abrir ese gran ventanal, y contemplar aquello que

realmente existe, sin barrera alguna, sin cristal que lo oculte.

 

Es cuando… me siento libre de reír, llorar, soñar, pensar, amar,

es cuando, siento que nadie me persigue.

 

LA DISTANCIA

Hola.

Antes de dar paso a la bloggera colaboradora a la que dedico la entrada de hoy, quiero aprovechar estas líneas para daros las gracias a todos aquellos que os habéis puesto en contacto conmigo durante las últimas semanas para contarme vuestras experiencias, pedirme consejo (no sé si habré sido capaz de contestar como es debido) o simplemente desahogaros por los sinsabores que lleva consigo la escritura.

Creé este blog con la ilusión de que pudiera resultar útil a los que emprenden el camino de las letras, o llevan ya años en él, pero siguen buscando recursos, ánimos e ideas. En estos meses la página ha recibido miles y miles de visitas, bastantes suscripciones y no pocos comentarios, aunque son muchos más los que han preferido contactar directamente conmigo a través del mail.

Espero que estas páginas estén logrando su propósito y agradezco en el alma vuestra confianza.   Ojalá sean muchos más los que pasen por aquí y también los que se decidan a escribirme. Contaréis siempre con mi atención e interés -como mínimo- y si en algo puedo serviros de ayuda, por supuesto que estaré encantado de echaros una mano.

Y, ahora sí, os dejo con las palabras de Esther Izquierdo, a la que tengo el gusto de dar la bienvenida como colaboradora y a la que le deseo muchísima suerte en la escritura y en todo 🙂

Grandes distancias entre más grandes personas

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La distancia… 

Tópico en el amor, excepción en las amistades, fundadora de los famosos “te echo de menos”, casada con la despedida, manipuladora de nuestros ahorros empeñados en viajar, enemiga de todo aquel que la sufre; pero ante todo, creadora de los reencuentros (siempre tan esperados).

Y es que, es imposible negar que ese abrazo sacado de una película americana nos encanta, nos provoca un escalofrío que nos recuerda cuanto echábamos en falta a la persona que teníamos lejos. Lejos hablando en kilómetros, jamás en sentimientos.

Aunque, sin duda alguna, las palabras que viajan en nuestra mente durante el camino de vuelta a casa son las de esa carta que nos entregan antes de coger el avión, las que nos susurran en la puerta del tren en marcha, o las que nos dicen con la mirada a través de la ventanilla del autobús. ¿Quiénes? Los que nos quieren cerca.

Todo esto suena tan a despedida, que parece que ha llegado la hora de despegar, partir o arrancar, de vuelta cada uno a sus hogares con el olor navideño de Madrid impregnado en su ropa y las luces de Sol chispeando aún en sus ojos.

Sin que nos demos cuenta, sin quererlo, la navidad se marcha ya, y los nuestros con ella.

Pero, al fin y al cabo, las personas que están hechas para nosotros viven lejos o, simplemente, nunca tendremos el placer de conocerlas.

Y por esas de las que nuestra enemiga la distancia nos separa, gritemos que, aun estando en el otro lado del charco o mojando los pies en la orilla de este, su verdadero hogar está en nuestro corazón. De hecho, mientras leéis esto estamos juntos allí, donde solo guardamos lo mejor de nosotros.

Recordad que esto no es un adiós, es un hasta pronto.

Un saludo

@M_A_JORDAN